para un murciélago, un ave, un anfibio u otro animal. Una planta que florece durante la noche puede depender de determinados visitantes. Cuando la iluminación modifica el comportamiento de una especie, los efectos pueden extenderse a otras. Diversos estudios han relacionado la iluminación nocturna con cambios en actividad, alimentación, reproducción, depredación, polinización y movimientos de diferentes organismos. La magnitud y dirección de esos efectos varían según la especie, el hábitat, la intensidad de la luz, su color y el momento en que se utiliza. Por eso no existe una única respuesta biológica a la contaminación lumínica. Para algunos animales una lámpara funciona como atracción. Para otros, como barrera. Y para otros puede modificar cuándo comienza o termina su actividad.
LOS MURCIÉLAGOS NO RESPONDEN TODOS IGUAL
Los murciélagos son un buen ejemplo de por qué el problema necesita matices. Algunas especies pueden aprovechar la concentración de insectos alrededor de determinadas luminarias para alimentarse. Otras evitan áreas iluminadas y modifican sus rutas. Esto significa que agregar iluminación puede beneficiar temporalmente a unas especies mientras dificulta el movimiento de otras, modificando las relaciones dentro de la comunidad ecológica. La conservación nocturna, por lo tanto, no consiste simplemente en asumir que“ la luz es mala”. Consiste en entender cuánta luz utilizamos, dónde la colocamos, hacia dónde apunta, qué tipo de luz es y durante cuánto tiempo permanece encendida.
MÁS LUZ NO SIEMPRE SIGNIFICA MEJOR LUZ
Reducir contaminación lumínica tampoco significa apagar ciudades completas. La iluminación cumple funciones necesarias. El desafío está en utilizarla de manera más precisa.
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