Esto significa que pedir a una población que camine más tiene límites si el recorrido cotidiano no ofrece condiciones para hacerlo. No basta con que un destino esté cerca. También necesitamos poder llegar a él.
¿ QUÉ HACE CAMINABLE A UNA COMUNIDAD?
La respuesta es más compleja que construir una banqueta. La investigación sobre caminabilidad considera factores como la conectividad de las calles, la cercanía entre viviendas y servicios, el acceso al transporte, la seguridad, la calidad del espacio público y las condiciones que hacen que caminar resulte posible y razonablemente agradable. Una revisión publicada en 2025 analizó 2,150 documentos científicos sobre caminabilidad y entorno construido publicados entre 2000 y noviembre de 2024. Encontró que la investigación sobre este tema ha evolucionado alrededor de dimensiones relacionadas con salud, aspectos sociales, entorno construido, economía y tecnología. También identificó una brecha importante: los países en desarrollo representaban apenas alrededor del 10 % de los estudios analizados. La caminabilidad, entonces, no consiste solamente en calcular distancias. También pregunta qué sucede durante el
trayecto.
PARA UN NIÑO, UNA CALLE PUEDE SIGNIFICAR LIBERTAD
Pensemos en algo tan cotidiano como ir a la escuela. Si el trayecto tiene banquetas continuas, cruces comprensibles y condiciones adecuadas de seguridad, conforme un niño crece puede adquirir progresivamente mayor autonomía. Puede caminar ciertas distancias acompañado y, dependiendo de su edad y contexto, realizar después algunos recorridos con mayor independencia. Cuando el entorno no ofrece esas condiciones, la situación cambia. La familia necesita trasladarlo incluso para actividades cercanas. Lo mismo puede ocurrir con la posibilidad de visitar a un amigo, acudir a una actividad o desplazarse dentro de la colonia. Por eso la movilidad infantil también ayuda a revelar cómo funciona una comunidad. Una calle que solamente puede recorrer con facilidad un adulto sano y atento deja
fuera muchas otras formas de habitarla.
LA MISMA BANQUETA CAMBIA CON LA EDAD
Ahora imaginemos ese recorrido desde otra etapa de la vida. Un desnivel que para una persona joven quizá sea apenas incómodo puede convertirse en un riesgo para alguien con movilidad reducida. Una calle que exige cruzar rápidamente puede ser más difícil para una persona mayor. Una banqueta estrecha puede impedir el paso de una silla de ruedas. Y un trayecto sin lugares de descanso puede limitar cuánto puede caminar alguien aunque el destino esté relativamente cerca. Esto ayuda a entender por qué la caminabilidad también es una cuestión de equidad. Una revisión sistemática publicada en 2025 sobre caminabilidad, derecho a la ciudad y derecho a la salud señaló que evaluar únicamente la proximidad de los servicios puede ser insuficiente. También es necesario considerar si distintos grupos
sociales y demográficos pueden acceder realmente a esos espacios y desplazarse por ellos.
UNA CALLE CAMINABLE TAMBIÉN PUEDE HACERNOS MOVER MÁS
El vínculo más evidente entre la caminabilidad y la salud es la actividad física. Cuando caminar puede incorporarse a actividades ordinarias— ir a una tienda, utilizar transporte público, visitar algún servicio o simplemente desplazarse por la colonia— el movimiento deja de depender exclusivamente de reservar tiempo para hacer ejercicio. Una revisión de evaluaciones de impacto en salud encontró que, con algunas excepciones, las intervenciones destinadas a mejorar la caminabilidad mostraron efectos favorables sobre comportamientos relacionados con la salud y distintos resultados sanitarios. Los autores también advierten que todavía existen aspectos del entorno caminable menos estudiados que el transporte activo. La propia OMS relaciona la falta de caminabilidad y de acceso a espacios recreativos con la inactividad física, uno de los riesgos importantes para la salud de las poblaciones urbanas.
Aprendiendo 40