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20 – Fronteras de la hospitalidad
El huésped es en parte excepcional porque ha sido un enviado de los dioses, y porque dependiendo de su trato, dependerá la subsistencia económica de la comunidad. En la antigüedad, se extendía la creencia en que los dioses disponían de desastres y crisis para quienes no respetaban al extranjero. Sin distinciones( a excepción de los leprosos) cualquier extranjero gozaba de hospitalidad. En la modernidad, ese respeto solo se extiende a quienes pueden pagar por el servicio que reciben, y de esa forma la comunidad también asegura su subsistencia económica. El consumo de alcohol induce al huésped a una cultura onírica, donde todos sus deseos pueden ser satisfechos, una suerte de paraíso en la tierra. Empero para poder llevar a cabo tal ritual, es necesario restringir el uso del mismo a los residentes locales. Los psicólogos se han cansado de denunciar que el consumo habitual de alcohol puede crear dependencia, aún en pocas cantidades. ¿ Por qué se ve como algo negativo el consumo diario de alcohol cuando se estimula a los turistas para que beban? ¿ Es dicha relación una forma de sacrificio?
Esta dicotomía entre permitir para unos privilegiados lo que se prohíbe al resto descansa en una de las reglas de la economía social. La sociedad condena el uso furtivo de alcohol en jóvenes locales pero promueve igual cantidad de consumo en extranjeros. Este acto privativo conlleva una idea de performatividad desde el momento en que se los priva de comer y beber de la mejor bebida y comida, para dársela a otros que no conocen( rito sacrificial). Este sacrificio emulado en pacto de hospitalidad les confiere protección y buena suerte para el progreso de sus carreras, la fertilidad del suelo y la bonanza económica, en otras palabras para su subsistencia. Hacer de la restricción un camino a la abundancia es la función central de la hospitalidad.
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