Gastronomía y turismo – Destinos con sal y pimienta
Capítulo 20
FRONTERAS DE LA HOSPITALIDAD El uso de alcohol en el ritual de bienvenida
Maximiliano E. Korstanje Argentina
INTRODUCCIÓN
Por algún motivo, el alcohol se encuentra presente y es de fácil acceso en los grandes centros turísticos internacionales( Smeaton, Josiam & Dietrich, 1998; Bell, 2008). No obstante, el consumo desmedido del mismo se ha transformado, en las últimas décadas, en la preocupación no sólo de los trabajadores sociales sino también de terapeutas, psicólogos y asistentes a la familia. Esta realidad abre una dicotomía entre ciertas prácticas que son estimuladas y otras que son prohibidas. En otros términos, las sociedades industriales desarrollan una doble estructura donde le confieren al extranjero el derecho a consumir, a la vez que se lo restringe a los nativos. Como resultado, se tejen redes cerradas de consumo y ostentación que han sido el epicentro de las diversas discusiones éticas en los últimos años( Din, 1989; Kadt, 1992; Judd & Fainstein, 1999; Britton, 1982; Funck, 1999; Ross, 1991; Brunt & Courtney, 2000; Harrison, 2004; Smith, 1987; Mc-Naughton, 2006; Griffith & Sharpley, 2012; Vukonic, 2010). La gran cantidad de estudios en la literatura especializada en este punto, poco dicen respecto al rol que juega la hospitalidad restringiendo lo que se ofrece al extranjero( Korstanje, 2010). Una suerte de ritual antropológico que asocia el acto de hospitalidad( no necesariamente a lo gastronómico) sino al sacrificio de lo gastronómico.
En este capítulo se discutirá conceptualmente las raíces antropológicas del consumo de alcohol en espacios dedicados al ocio creando una línea divisoria donde la atracción por unos implica el rechazo a otros. En efecto, desde el momento en que se emite una invitación a cierto grupo, otros son relegados. Jacques Derrida( 2006) había denunciado la naturaleza paradojal de la hospitalidad en base al contraste entre hospitalidad“ generalizada y restringida”. Mientras la primera hace referencia a la hospitalidad idealizada que se confiere sin pedir nada a cambio, la segunda queda anclada en un bien de cambio que exige un acto de reciprocidad. Los estados nacionales y las figuras de autoridad, a razón de mantener su poder, dan hospitalidad a los extraños como signo de superioridad moral. Ello sucede porque el rito de hospitalidad emula la necesidad humana de supervivencia donde lo escaso se hace abundante( Korstanje, 2010) cuando alguien logra auto-reprimirse. Los elementos centrales de ese ritual, los cuales coadyuvan para armonizar el conflicto del encuentro entre dos desconocidos, son el
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