APARECIÓ EN MI VENTANA apareció en mi ventana | Page 60
en voz baja para que no pudiesen oírme.
Además, sería dificilísimo poder
llevar un plato de sopa al mukusuluba.
Sería más que dificilísimo, sería…
imposible.
El colmo fue que después de la sopa
mi madre depositó en el centro de la
mesa una fuente alargada llena de
pescado rebozado. Con una paleta que
colocó junto a la fuente, nos fuimos
sirviendo todos.
—¡Pescadito! ¡Qué rico! —
exclamaron las mellizas, al tiempo que
llenaban sus platos de rodajas de
pescado rebozado.
—¡Peces! ¡Qué asco! —exclamé yo,