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forma, te sacarían otro mote. Los niños siempre estáis poniendo motes a todo el mundo. —Si te gustaban los nombres cortos, no entiendo por qué a Jesús Jerónimo… —Con él fue distinto. Cuando nació tu hermano me dije: quiero un nombre largo, un nombre largo. ¡Jesús Jerónimo! Fue como si se encendiese una lucecita en mi cabeza. —Oye, mamá —y me dispuse a hacer la pregunta clave—, ¿cómo llamarías tú a un mukusuluba? —¿A un mukusuluba? —Sí. —Hipólito.