APARECIÓ EN MI VENTANA apareció en mi ventana | Página 214

Llevo veinte años haciendo expedientes. —¿Y por qué los has traído a casa? —Cada cierto tiempo, los expedientes antiguos se destruyen porque ya no sirven para nada. Todos éstos iban a ser destruidos mañana. ¡El mukusuluba se va a poner las botas, Gil! Y sin perder un minuto más, mi padre cogió un pequeño montón de papeles, o de expedientes, de aquella torre y, con ellos en la mano, se dirigió a mi habitación. Yo le seguí despacio. Cuando llegué a la puerta, pude ver que también se sentaba en el suelo y, entre risas, participaba de la alegría general.