APARECIÓ EN MI VENTANA apareció en mi ventana | Page 170

que no podía sustraer una silla para dársela al mukusuluba, pero lo que sí podía hacer era apoderarme de un trocito de aquellas sillas. Corrí hasta la cocina y abrí las puertas de uno de los armarios bajos, donde sabía que mi padre guardaba su caja de herramientas. Saqué de ella un serrucho y regresé al salón. Una vez allí, cogí una silla y la tumbé en el suelo, apoyándola contra la pared. Calculé a ojo un par de centímetros comenzando por el extremo de una de las patas y empecé a serrar. Se trataba de una madera dura y tuve que hacer un gran esfuerzo. Cuando