APARECIÓ EN MI VENTANA apareció en mi ventana | Page 131
T ODAS LAS NOCHES , como un rito, antes
de acostarme me encaramaba al
maletero y entregaba al mukusuluba el
papel que había conseguido durante el
día.
Aprovechaba el momento para
charlar un poco con él. Más que de una
charla se trataba de un monólogo, pues
él, claro, nunca me respondía. Pero yo
tenía la certeza de que me escuchaba y
de que también me entendía.
A pesar de mis esfuerzos, cada día
conseguía menos papel. Era algo que no
podía evitar. Sabina me había entregado
ya todas las revistas atrasadas que tenía
y en mi casa, en el colegio e incluso por