APARECIÓ EN MI VENTANA apareció en mi ventana | Página 127
insaciable,
que
siempre
estaba
hambriento, por el día y por la noche.
—¿Sigues teniendo hambre? —
pregunté, con la vana esperanza de que
me respondiese que ya estaba harto.
Pero su cabeza volvió a moverse de
arriba abajo.
No sé por qué, pero me enfadé con
él y le dije malhumorado que no le
llevaría papel en todo el día. Entonces
noté que la chispa misteriosa que
brillaba en sus ojos comenzó apagarse
poco a poco, como una linterna a la que
se le acaban las pilas, y yo sentí una
congoja extraña que me arrugaba el
estómago y me encogía el corazón.