Antología de cuentos policiales y de terror | Page 4

MEDIUM

Álvarez Ríos, una familia de clase media, con buen trabajo y de fina educación, debió trasladarse a su casa del campo en las afueras de Buenos Aires. Los Rosales se llamaba el pueblo que estaba dividido por un río. Se celebraba el famoso desfile de carrosas acuáticas una vez al año.

La primera noche, cuando todos dormían, Yolanda, la niña de seis años de edad, estaba asustada porque era la primera noche en una casa nueva; Julián, de dieciocho años, estaba con su teléfono sin ningún miedo, hasta que se le apagó y sintió un temblor en toda la casa. Lo primero que hizo fue ir con su hermanita.

Cuando vio que ella estaba bien, le dijo que vaya con él a ver a sus padres. Al llegar al cuarto de sus padres, se dieron cuenta de que no estaban y decidieron dormir en la habitación de él para que ninguno corriera peligro.

En el desayuno, Ellos les comentan a su madre y a su padre lo sucedido. Ambos le responden que todo había sido una pesadilla.

Lo que los niños desconocían era que Daiana y Oscar, sus padres, sufrían de la maldición de los espíritus. La casa fue construida por los padres de ella a mediados de 1930, sobre tierras que correspondían al cementerio, según decían los ancianos del pueblo.

En el fondo del terreno y bajo un gran árbol, Daiana descubrió que corría el agua más rica y cristalina que hasta hoy se conoce.

Esta maldición hacía que, aquel que tomara de esa agua, se despierte cada 25 años. Por eso, Oscar, sin saberlo, bebió del agua el verano que viajó a conocer a sus futuros suegros. Después de un tiempo, a la media noche, se despertó la maldición, viendo y oyendo a los espíritus.

Hoy en día, esa gente es conocida por el nombre de “Mediun”. Algunos aseguran que hasta se pueden volver locos.

Priscila