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SAHARAI MARTÍNEZ ARELLANO • SUSANA EDITH RAPPO MÍGUEZ Las comunidades de la Malinche en Puebla, posibilidades de subsistencia del territorio
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Las investigaciones sobre la Malinche sostienen que desde tiempos anteriores al contacto con los europeos, ésta alojó en sus faldas a varias poblaciones humanas( González, 2009: 263). La naturaleza y el espacio eran aprovechados por estos pobladores, estableciendo así una relación milenaria con la montaña. La historiografía reciente que se ha abocado al estudio de los ritos y sistemas de creencias de las comunidades indígenas en torno a los grandes volcanes de la meseta central mexicana, entre ellos la Malinche, permiten construir interpretaciones que indican que en la época precolonial a los cerros se les tenía una especial veneración, pues eran considerados la morada de las deidades de la lluvia( Broda, et al., 2001 citada en Juárez, 2009: 236).
Sin embargo, a partir de la colonia, el sistema económico que se instauró significó una forma distinta de concebir y organizar el espacio. La proyección de la ciudad de Puebla, y en menor medida la de Tlaxcala, tuvo como base central la madera como elemento de construcción, pero fundamentalmente como energético en forma de leña y carbón, lo que implicó la mercantilización del bosque. La gran demanda de madera afectó a la Malinche, desde la segunda mitad del siglo XVI sus bosques fueron sometidos a un proceso intensivo y extensivo de explotación, alterando radicalmente el espacio( Juárez, 2009: 236).
No obstante, la mercantilización del bosque representó también uno de los principales recursos para la economía indígena y fue una de las formas en que estas comunidades se integraron a la economía mercantil, de manera que los beneficios obtenidos de esta explotación marcaron profundamente sus formas de vida y comportamiento. El monte se volvió el lugar cotidiano de trabajo, varios pueblos como Amozoc, San Miguel Canoa, San Pablo del Monteo Tepeyanco tuvieron en el acarreo de leña, madera y carbón a la ciudad de Puebla uno de sus principales beneficios( Juárez, 2009: 246).
A finales del siglo XIX los recursos de la Malinche continuaron siendo absorbidos por las grandes urbes. Además, la hacienda produjo el desplazamiento de las tierras de labor de los indígenas de las zonas más bajas hacia zonas más altas en la montaña, agrestes y de menor calidad. Este siglo se caracterizó por la extracción intensiva de recursos forestales para la elaboración de productos como la trementina que se utilizaba para el alumbrado de la ciudad de Puebla( Licona, et al., 2011: 271). Durante el Porfiriato la demanda de madera fue aún mayor, pues se sumaron las necesidades de dos sectores en expansión: 1) el ferrocarril, para el caso la construcción del ramal Apizaco-Puebla, y 2) la instalación de diversas fábricas textiles en la zona norte de la Malinche( Espejel, 1996: 16).