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SAHARAI MARTÍNEZ ARELLANO l SUSANA EDITH RAPPO MÍGUEZ Las comunidades de la Malinche en Puebla, posibilidades de subsistencia del territorio prácticas: la urbanización y la industrialización asentó un imaginario sobre las virtudes que caracterizaban a la naturaleza y que era necesario proteger. Belleza, pureza e inocencia, valores despreciados por una sociedad entregada al progreso material. Las apreciaciones de este movimiento artístico, junto con las ideas de Emerson y Thoreau, establecerían uno de los principales antecedentes del conservacionismo, revalorizando la vida en contacto con la naturaleza y considerando lo salvaje como fuente de valores desdeñados por la civilización (Fortunato, 2005: 328-329). De acuerdo con Santos (2010: 23) en 1872 Estados Unidos creaba el primer parque nacional del mundo en la región del río Yellowstone. A partir de ello, otros países establecieron sus primeros parques nacionales durante la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, con una visión en donde la conservación de la naturaleza implicaba “no tocarla”. Sin embargo, luego de la Segunda Guerra Mundial al tiempo que aumentaba el número de áreas, también lo hacía la crítica al modelo conservacionista, mudando la idea de los parques como santuarios hacia una visión utilitaria de los mismos, se da un traslado de una concepción romántica de contemplación a una de utilidad económica. 1.1. Las áreas protegidas en México En México, durante los primeros años del siglo XX surgió una visión y una estrategia conservacionista en el seno de un pequeño grupo de científicos mexicanos, liderados por Miguel Ángel de Quevedo y agrupados en la Sociedad Forestal Mexicana. La finalidad de su estrategia era asegurar la integridad ecológica de los bosques mediante la modernización del medio rural. Las primeras iniciativas fueron dirigidas a la regulación del uso comunitario de los bosques, bajo el argumento de que los campesinos carecían de educación para efectuar un uso racional de los mismos. Se les consideraba una amenaza “por su negligencia primitiva, criminal e incluso salvaje” (Boyer, 2007: 93). La principal preocupación de este grupo de científicos era asegurar que el Estado protegiera los bosques de la depredación, particularmente de la sociedad campesina, y buscar más bien, y bajo las prescripciones de los expertos científicos modificar tanto la cultura como las prácticas campesinas haciéndolas rentables, modernas y ecológicas. Para ello durante el periodo cardenista, se buscó aprovechar el poder regulador y coercitivo del Estado. Cabe señalar que este pensamiento conservacionista mexicano, si bien estaba influido por las ideas imperantes a nivel internacional, obedecía a planteamientos de interés nacional. Estos espacios no se asumían como espacios para la contemplación, sino como la 243