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228 JOSÉ ARTURO HERRERA LEÓN La resistencia campesina en el Valle del Mezquital: el caso de la cementera Santa Anita con el proyecto de la construcción de la planta Santa Anita. Los trámites ante la SEMARNAT en lo referente a impacto ecológico y con el gobierno local, se dieron de forma rápida y sin ningún obstáculo. Ante lo que consideraron un engaño, diversos pobladores, desde septiembre de 2010, empezaron a hacer reclamos sobre el tipo de empresa que se instalaría, pues la destrucción que estaban haciendo del entorno no correspondía con lo que esperaban sería un centro para el abastecimiento de semillas y mejoramiento en la producción del campo. Ante la presión de los ciudadanos, incluso el alcalde se pronunció para conocer la reglamentación y saber quiénes eran las personas que habían adquirido los terrenos. En un lapso corto, llegaron abruptamente camiones, maquinaria pesada y se empezaron a tumbar la flora y fauna del lugar. La tranquilidad acostumbrada en la que vivían los indígenas y campesinos de un momento a otro se vio perturbada: Vimos entrar y salir camiones y empezaron a arreglar la carretera, aquí en la casa se paraban los camioneros y me pidieron que les vendiera algo de comida y café, después ya no vinieron por aquí, ya estuvo lista la carretera y ya pasaron directo… La verdad no estamos acostumbrados a esas cosas, empezamos a sentir los temblores, como desde las cuatro de la mañana empezaba a temblar la casa y se cuarte, después se vino lo de organizarnos y exigirle al gobierno nuestros derechos, hicimos asambleas para informar a nuestra gente de que esa empresa nos iba a perjudicar bastante (Entrevista con el señor Isaías, Marzo de 2014). Por la constante inconformidad de la población no es de extrañar que el acto de colocar la primera piedra se haya dado con tanto sigilo. En ese sorpresivo momento, las negociaciones ya se habían dado entre el gobierno y la empresa, sin consultar ni tomar en cuenta la opinión de los santiaguenses y los municipios colindantes que serían afectados. Fue a partir de ese momento que la alerta en las comunidades se hizo patente. Si bien se prometía el desarrollo para la región, por la construcción de un camino de 8.5 kilómetros, la línea de alta tensión de 25 kilómetros y la sustentabilidad para el cuidado de especies nativas, esto no hizo más que intensificar las protestas. Los daños ecológicos serían mayores a los que se establecían como impacto ambiental, sin que hubiera respeto a los derechos y tratados nacionales e internacionales.