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108 ALFREDO TORIBIO BAROJAS l NICOLA MARIA KEILBACH BAER Las vicisitudes en el diseño de una política pública para el campo: La Cruzada Estatal y moldean a posteriori sus experiencias, su vinculación y compromiso con el sector agropecuario, que llevaron a esta agenda política local e innovadora. Este acercamiento al diseño de esta política pública permitió entenderla no como una formulación cerrada, lineal y racional de idear y diseñar programas de gobierno, sino como una forma de percepción de lo social. Introducción La división de niveles de autoridad ha suscitado en México una forma particular de gobernar. El modelo republicano y con división de poderes, ha representado, salvo algunas excepciones, un modelo administrativo el cual ha convertido a muchas entidades y a cada ayuntamiento en ventanillas de papeleo y trámite. Por mucho tiempo nos acostumbramos al encasillado centralismo, a la burocracia empecinada y a la ruta procedural administrativa larga. El Estado Nacional jugó y sigue jugando su papel planeando, delineando, coordinando, cuando no imponiendo o avasallando a través de la legislación o las políticas públicas, su visión de país, la manera de administrar los recursos y en última instancia la forma de distribuir el casi siempre exiguo producto nacional, entre una población siempre mayor y con marcados índices de desigualdad económica y social. Cuando se trata de ejercer los presupuestos públicos, la alternancia política y las nuevas reglas fiscales han posibilitado un abanico de alternativas. Es así que a nivel de las entidades ha podido observarse una relativa soberanía para administrar los presupuestos públicos, diseñar programas y planear estrategias de acción gubernamental, que pueden o no del todo ceñirse a los planes nacionales o a las políticas públicas federales. Es ya bastante reconocido que nuestro país entró y sufrió una etapa de cambios profundos hace treinta años. Las políticas agrícolas tuvieron un viraje que trastocó las mismas estructuras sociales que le habían dado al campo mexicano y a la gente que lo habita, al menos la certidumbre de ser un actor fundamental y factor de peso en la política y economía nacionales. De tal suerte se redujeron o eliminaron la mayoría de los subsidios de corte social, se privatizaron servicios al campo, se liberó el mercado agropecuario y se delegaron funciones otrora responsabilidad del Estado. Esto trajo consigo un inmediato impacto en la viabilidad económica y social de un amplio sector, así como de su producción. El maíz fue uno de estos bienes agrícolas que sufrieron diversos cambios en su fisonomía productiva y el carácter social y cultural en que se desenvuelve.