Ajedrez Radio Rebelde Julio - Agosto - Setiembre 1979 | Page 19

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EL MITC YL!

KE! LID! D DE LCS C! MPECNES MUNDIALES por Romelio Milián Gonzálaz

Siempre ha sido realmente muy tentador escudriñar en la historia del Ajedrez, a aquellos jugadores cuyo virtuosismo lo hayan hecho acreedores de ostentar, en forma oficial, el título de Campeón Mundial. Pero..... ¿ Qué implica ser Campeón Mundial? Tal vez una pronta respuesta sería: ser el mejor. Si p rofundizamos en la cuestión nos percatamos, que no sólo el serlo, sino también demostrarlo. La afición cuando piensa en el Campeón Mund1al, se lo imagina con una infabiHsJad extrema, y que en cuanto torneo participe, o match celebre, invariablemente su " resultado vitalicio " será exitoso. Sin embargo, esta valoración de los " profanos " es totalmente injusta y posee grandes dosis de desatinos, ya que ignora soberanamente el carácter de ser humano que existe en el ajedrecista, por muy Campeón Mundial que sea.
En unas declaraciones, en ocasión de la entronización del cluodécimo Campeón Mundial, el Dr. Max Euwe, presidente de la FIDE, a una interrogante formulada por un periodista sobre cuales eran las característica que debía reunir un Campeón Mundial ideal, contestó: amar el ajedrez como Steinitz; el dominio de Lasker; el tacto de Capablanca; el intelectualismo de Chigorin; la furia de Alekhine; el razonamiento de Botvlnnick; la sensatez de Smislov; la audacia de Tahl; la i mpasibilidad de Spassky; el amor propio de
Fischer y la serenidad de Karpov.
Luego esta amplia definición de Campeón no deja de ser, por demás, utópica.
Sin embargo, en torno a los máximos titulares del orbe, existe un ángulo al cual no se le ha prestado mucha atención y consideración por parte de los especialistas. y es el resultado deportivo alcanzado por cada uno de ellos en el momento de ser poseedores del trono. De esa manera, a nuestro entender, es la única forma de poder valorar en toda su extensión, cuando sucede la metamorfosis del mito en realidad, y sobre todo, si este se ha producido o no en los 12 elegidos de Calssa. En algunos casos pudiera pensarse que actuaciones no acorde a la estelaridad de los Campeones no se logran por tener todas sus motivaciones cubiertas o sea, que esta ' n colmadas todas sus ambiciones. Esto en si, pese a ser una realidad muy objetiva, no deja de ser penosa y lastimosa actitud de los que han podido escalar la cima del ajedrez.
Los " inventos " más sobresalientes que el ajedre.z nos deparó en el pasado siglo, fueron, en lo colectivo la celebración en Londres 1851 del primer Torneo Internacional; y en lo individual la creación del título de Campeón Mundial, nomina ción esta debida a la fertil Imaginación del pequeño-gigante Wilhem Stelnltz. Precisamente Stelnitz es reconocido, oficialmente, como el primer Campeón Mundial.
Su reinado fue el más extenso, si lo contamos desde su victoria frente a
Anderseen en 1866 hasta 1894. En este periodo participó solamente en 9 certámenes, logrando 5 primeros lugares, si bien es cierto, que no todos ellos fueron eventos de primera fila. Quizás su mayor logro fue en Viena 1873, los restantes realmente, exceptuando Viena 1882, eran flojos. En el mismo periodo, sin embargo, se mostró muy activo en la celebración de matches, ya que efectuó 23, de los cuales por rara coincidencia perdió solamente uno, precisamente donde le cedió el trono a Lasker en 1894. Tras el primer fiasco en la historia del · ajedrez, que fuera de dudas lo constituyó el no enfrentamiento MORPHY-STAUNTON, en el reinado de Steinitz se produjo el segundo, al no poderse concertar, por razones de índole particular del retador. el encuentro con el Dr. Siegebert Tarrasch, quien en los 5 torneos que jugó desde 1888 hasta 1894 ocupó en todos el lugar cimero y al cual el duro Stelnitz jamás venció( T- 1 P-3).
La llegada a la cima de Emanuel Lasker fue duramente criticada, pues sus méritos realmente no eran muchos; uno de sus principales detractores lo era su compatriota Tarrasch. Si hay un hecho que está bien claro, el cual es muy significativo, y es que Lasker fue un jugador que no brilló como
Pretendiente. sino con el título en sus manos, durante los 27 largos años que lo poseyó. En ese periodo jugó también 9 torneos y en tan solo dos de ellos no venció( Hastings 1895 y Cambridge Springs 1904).
Lasker transitó el puente que une dos siglos satisfactoriamente, pues le cupo t.l honor de gana r 3 de los torneos más fuertes de todos los tiempos( San Pe ter sburgo t 895 / 6,
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