ISBN 0124-0854
N º 198 Mayo de 2013
Una“ oidora” en el Museo
Desde que era una estudiante de pregrado, he sido muy amiga del Museo. Me sentaba en las escalas a hacer fotosíntesis: me sentaba como la negra que está ahí, pero más decentemente y cuando entraba, lo que más me llamaba la atención era la parte arqueológica y decía:“¡ Ay, dios mío, qué belleza!”. Además, una amiga mía, Vicky Paz, trabajaba en el sótano sacando los dibujos de los rodillos esos. Entonces, me enamoré del Museo.
Actualmente esta pieza se encuentra guardada debido al proceso de actualización de la Sala Permanente de Antropología Graciliano Arcila Vélez. Fotos: Julián Andrés Burgos, estudiante de Comunicación Audiovisual y Multimedial y auxiliar del Muua
Iba todos los días a mirar las piezas de cerámica o, si estaba muy acelerada, iba a ver árboles. Un día, cuando ya estaba trabajando aquí, en la Universidad, entré al Museo a relajarme cuando de pronto vi una columnita, me arrimé y vi una mujercita ahí sentada, metida en un pedestal, como orando. Me fijé en ella por la serenidad. Estaba ahí, pendiente, invitaba a que uno le hablara. Por lo menos, me lo imaginé así. ¡ Qué preciosidad! Empecé a hablarle todos los días; le contaba mis cuitas:“ Mirá querida, hoy voy a hacer esto”.“ Mirá querida, quiero que me ayudés con esto,