ISBN 0124-0854
N º 197 Abril de 2013 autor el proyecto de evocación de su historia a partir de las anécdotas de sus ancestros como colonizadores antioqueños y sobre la conciencia de sí mismo, instaurándose como un sujeto que debe rescatar las experiencias de construcción de una región y de una nación. No se puede desconocer que en sus obras se encuentra condensada toda el alma de su región del suroeste antioqueño, pero sus alcances son tan universales que trascienden las fronteras locales y alcanza a plantear a través de sus historias y sus personajes acontecimientos que buscan recobrar sus orígenes para tratar de descifrar dónde radica ese carácter de individuo alucinado y mítico 2 que se ha atribuido al individuo colombiano. En la trayectoria literaria del escritor, que abarca diversos problemas de diferentes épocas en la literatura nacional, como la relación campo-ciudad, la narrativa de la Violencia y la experimentación formal en cuentos o en novelas como Aire de tango( 1973), se consolida una propuesta estética que se interroga sobre el mundo heredado de los antepasados y la responsabilidad de sus descendientes en darle continuidad a través de la creación de un espacio literario definido y único, con características asimiladas a toda la región del suroeste antioqueño, particularizadas en la creación de un espacio de ficción, un típico pueblo denominado Balandú.
Alrededor de Balandú y otros pueblos aledaños que constituyen ese espacio de ficción como Santa María de los Robles, Tambo, entre otros, se ubican las novelas que consagraron la figura de don Manuel en un escritor fundamental para la literatura colombiana. Obras como Tarde de verano( 1981), La casa de las dos palmas( 1988), Los invocados( 1997) e incluso Aire de tango, tienen a Balandú, bien sea como ubicación espacial, una evocación o el referente de procedencia de un personaje, como ese lugar desde el cual el destino de los personajes está marcado por las acciones de sus antepasados. Manuel Mejía Vallejo nos presenta a esos personajes como seres reales que tras una fortaleza física y de carácter, con una templanza ante las dificultades y con una sensibilidad artística ante lo bello, se muestran tan humanos y con tantas debilidades que sus luchas internas y personales son tan grandes como su labor colonizadora. Lejos de toda alegoría a estos forjadores de una nueva sociedad como héroes míticos de la antigüedad, el autor nos devuelve su humanidad para evidenciar que personajes de sus obras como El día señalado, Tarde de verano, o La casa de las dos palmas heredaron la fortaleza y las normas patriarcales, pero no desconocen el valor de la justicia legal o divina, la generosidad de sus corazones o una alta valoración del arte. Don Manuel nos dejó como herencia para la literatura colombiana una riqueza poética,