ISBN 0124-0854
N º 197 Abril de 2013 julio de 1998 en El Retiro; mas no se puede decir que su existencia terminó porque su legado sigue vivo“ en sus libros, en sus hijos, en la gente que lo amaba y lo sigue amando, en los árboles que crecen sobre sus cenizas a unos metros de la vieja casona de Ziruma. Y hasta en su voz”, como bien lo expresa su discípulo Juan José Hoyos. En la novela El día señalado( 1964), don Manuel anota frente a la referencia de los datos del nacimiento y la muerte de un personaje cómo“ entre esas dos fechas hubo una vida sin importancia”, tal vez por la conciencia que tuvo el escritor sobre la inminencia de la muerte y lo efímero de la existencia, asuntos que plasmó con singular intensidad en varias de sus obras; sin embargo, esta misma frase no podría aplicarse a la figura de este autor antioqueño, quien nos deja para conmemorar en este 2013 los siguientes aniversarios: 90 años de su nacimiento y tres lustros de su fallecimiento, así como sus novelas más reconocidas coinciden en alcanzar una antigüedad de publicación considerable: 50 años del premio Eugenio Nadal( 1963) a El día señalado, 40 años de publicación de Aire de Tango y 25 años de publicación de la obra galardonada con el Premio Rómulo Gallegos, La casa de las dos palmas. En suma, el legado de su experiencia vital y de su producción literaria es tan significativo que corresponde a una vida verdaderamente importante.
Aunque en el transcurso de su existencia fue un hombre sencillo, buen conversador y nada propenso a envanecerse con la fama literaria, Mejía Vallejo nos legó en el lapso de sus 75 años de vida una amplia obra compuesta por 11 novelas, 209 cuentos y relatos, 4 libros de poemas con 575 producciones líricas entre décimas, coplas y poemas, más otro material de tipo crítico y ensayístico, 1 que representa un legado literario invaluable, no solo para la letras colombianas sino para la literatura universal. El autor fue un hombre comprometido con la recuperación de la memoria colectiva de la región antioqueña y la nación colombiana, logrando trascender el esquema de una literatura regional, planteando en sus obras y a través de sus personajes temas universales de gran sentido para comprender la existencia del individuo como la búsqueda de sus orígenes históricos y personales, las pasiones desmedidas, la fuerza de voluntad que en ocasiones inclinaba sus personajes a la terquedad, y los rasgos de hombres y mujeres en su constante lucha en contra de la adversidad. En el caso de Manuel Mejía Vallejo, este compromiso con la recuperación de la memoria se evidencia desde su primera novela La tierra éramos nosotros( 1945), con la cual se empieza a formar un proyecto literario que comprende más de medio siglo de producción escrita, asunto que a lo largo de su obra implica en el