ISSN 0124-0854
N º 193 Noviembre de 2012
Christian Boltanski, Vitrina de referencia, 1971, instalación, Centro Pompideau, París, Francia
A diferencia de lo que sucede con el archivo judicial, en la constitución del archivo personal hay una declarada intencionalidad. Y es que, a pesar de las posibles vacilaciones del individuo, la creación del archivo personal está cargada de intención, la más simple y evidente de las cuales es hacer más fácil la vida. En nuestra cotidianidad, los archivos cumplen una labor silenciosa pero vital: casi todos nuestros actos son registrados, desde el rutinario trámite administrativo hasta el apasionado mensaje de texto. Como propone Georges Perec,“ hay pocos acontecimientos que no dejen al menos un rastro escrito. Casi todo, en uno u otro
momento, pasa por un pedazo de papel, una hoja de bloc, una página de agenda o cualquier otro soporte ocasional( un tiquete de metro, la margen de un periódico, un paquete de cigarrillos, el reverso de un sobre, etc.) sobre el cual se inscribe, a una velocidad variable y según técnicas diferentes según el lugar, la hora o el humor, uno u otro de los diversos elementos que componen lo ordinario de la vida”( Perec 1985, p. 20). Así, desde el momento mismo de la gestación hasta nuestro adiós definitivo del mundo generamos documentos que constatan nuestra existencia, que definen nuestra identidad.