Agenda Cultural UdeA - Año 2012 NOVIEMBRE | Página 22

ISSN 0124-0854
N º 193 Noviembre de 2012
De la misma manera en que el Estado tiene la responsabilidad de proteger a sus ciudadanos, este tiene la responsabilidad de preservar los archivos que la gente requiera para ejercer plenamente sus derechos humanos. Se debe rechazar incondicionalmente el impulso a destruir o deformar los archivos.
Los archivistas en todas las instituciones son responsables por ciertos archivos que afectan los derechos humanos; estos van desde los básicos registros personales, hasta los más delicados de las cortes secretas y registros de posesión de tierras. Los archivistas deben reconocer los nexos entre los archivos y los derechos humanos y tener la formación y la autoridad para seleccionar aquellos archivos que tienen un valor significativo, como evidencia o información para proteger los derechos humanos, para una conservación permanente. Los archivistas deben proteger esos archivos de daños accidentales o intencionales. Y, además, los archivistas deben proveer acceso a los archivos, primero preparando ayudas de búsqueda y luego poniéndolos disponibles para su uso según autorización legal.
El acceso a los archivos es la clave para combatir la impunidad, para investigar a
funcionarios públicos, para descubrir la verdad y realizar reparaciones. Pero, así como hay presiones para abrir archivos, hay presiones opuestas que buscan que permanezcan cerrados. La cuestión del acceso se lucha en el ámbito político, no en el archivístico, y es particularmente polémico cuando la apertura de los archivos está ligada a procesos de justicia transicional. Los archivistas pueden aconsejar a los diseñadores de políticas sobre la importancia y las características de buenas leyes de acceso a ellos, pero a la larga los archivistas administran cualquier ley que promulgue la asamblea legislativa.
En un período transicional, algunas personas argüirán que la sociedad debería mirar al futuro y no al pasado, y simplemente cerrar el capítulo del pasado. Pero cerrar el capítulo del pasado no significa cerrar los archivos, todo lo contrario.
Así como la Comisión Sudafricana para la Verdad y la Reconciliación decidió sabiamente:“ era necesario voltear la página de la historia pero primero necesitábamos leer esa página”. En los archivos, esas páginas esperan sus lectores.