Agenda Cultural UdeA - Año 2012 JULIO | Page 15

ISBN 0124-0854
N º 189 Julio de 2012
Hasta el final de sus días, la máquina de escribir de Caicedo(“ Pepito Metralla” lo llamaban sus amigos de rumbas, pues aun en las fiestas se sentaba a tabletear de un solo impulso sobre las teclas, como si el tiempo no fuera suficiente) estuvo funcionando. El proyecto de la revista N. ° 6 de Ojo al cine quedó sobre el papel. Sus últimos textos( su“ testamento”, unas cuantas cartas y una nota al dueño del Edificio Corkidi, donde puso fin a sus días) se opacaron con el impacto que representó la publicación de su novela póstuma. ¡ Que viva la música! ha marcado la ruta de la nueva narrativa colombiana de una manera contundente. Su lenguaje inundado de referencias al desenfreno juvenil y a la euforia de las drogas se ha considerado como el mejor testamento generacional que escritor alguno haya dejado en el laberinto de nuestras letras. Por otra parte, a pesar de tratarse de un libro cuya génesis se encuentra más en la música( los RollingStones y Ricardo Ray, especialmente) que en el cine, de todas maneras posee en su estructura una carga visual y una intensidad que sólo pudo haber sido heredada del alimento cinematográfico del cual su autor se nutrió a lo largo de su efímera existencia.
Todo esto ya es historia. A Andrés Caicedo se lo analiza, se le rinde culto, se habla una y otra vez de sus libros, se lo cita y se lo mitifica. Toda esta actitud es el resultado del impacto de su obra literaria. Lo que poco se conoce es lo que este libro recoge, que refleja uno de los trabajos más obsesivos que crítico alguno se haya propuesto en tan corto tiempo. El cine, indudablemente, es el filtro por el cual pasó todo el trabajo que Caicedo desarrolló en vida y sería desde todo punto de vista injusto dejar este testimonio escondido en el silencio de los baúles de su casa materna.
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Sandro Romero Rey y Luis Ospina. Texto extractado de la compilación Andrés Caicedo, Ojo al cineBogotá, Editorial Norma, 1999, pp. 15-17.