Agenda Cultural UdeA - Año 2012 JULIO | Página 12

ISBN 0124-0854
N º 189 Julio de 2012 periodicidad en los diarios locales y capitalinos, dejaron ver un conocimiento impresionante por la vida y la obra de los forjadores de la carreta cinematográfica. Y, al igual que con sus cuentos y novelas, la pasión y la desmesura lo llevaron a acumular toda la información posible hasta convertirlo, con el tiempo, en un cinéfago incondicional.
La pasión de Andrés Caicedo por el cine forjó una cantidad considerable de obsesivos espectadores caleños, quienes, poco a poco, fueron convirtiendo las imágenes del celuloide en una parte fundamental de sus existencias. De
este grupo de rebeldes, con o sin causa, se fue formando un equipo de personas que, con afinidades más o menos comunes, constituyeron un colectivo cuyo propósito central fue el de producir, con progresiva frecuencia, películas en las cuales se revelaba la imagen escondida y olvidada de la ciudad de Cali. Gracias al Cineclub de Cali, la posibilidad de aprehender el trabajo cinematográfico de una manera sistemática se fue convirtiendo en una realidad. Caicedo era el generador permanente de dicho entusiasmo. Su labor como crítico no sólo se limitaba a la escritura de textos o a la programación de películas, sino que inyectaba una actitud personal y una curiosidad continua