Agenda Cultural UdeA - Año 2011 MAYO | Page 26

ISBN 0124-0854
N º 176 Mayo de 2011 comunicación en red de los medios digitales; más, cuando esa práctica escritural no sólo se menoscaba, retrae o desdibuja, sino que pierde piso ― si alguna vez lo tuvo ― y, sistemáticamente, se descuida en la formación. Y, quizá con nostalgia, no se puede evitar ver en ese posible derrumbe de la práctica de una escritura académica ― propiciado, sin duda, por el carácter actual de la universidad ― la señal de un enterramiento de lo que hemos venido asumiendo, bajo ese cielo letrado, como cultura académica.
En la universidad, uno se queda sin palabras, y con un inefable malestar, cuando aborda la lectura de textos supuestamente“ académicos” de estudiantes, ya no de pregrado sino también de posgrado. Para peor, puede tratarse de“ ensayos” presentados en una materia y que, sintomáticamente, obtuvieron el máximo de calificación. Textos bien aceptados por los profesores, pero, paradójicamente, sin textura; calificados sin tener en cuenta cómo están escritos, cómo está trabajado o adecuado allí el lenguaje en cuanto forma a un contenido. Sin tener en cuenta el hecho fundamental de que el conocimiento mismo está intrínsecamente ligado al lenguaje; sin vislumbrar siquiera que, de
manera rotunda, el aprendizaje puede ser considerado como un proceso lingüístico, 5 y que no es posible aprehender y aprender los signos-pensamiento por fuera de un código simbólico. En suma, sin tener en cuenta la premisa básica de que el sentido nos llega a través de la forma.
Si, al calificar, los profesores no tienen en cuenta la función textual del lenguaje, cómo se teje el texto en sus temas y subtemas, su coherencia misma, ¿ qué están calificando? Tal vez se centren en verificar en los textos de los estudiantes la inclusión de términos-conceptos expuestos en clase, la presencia ― así sea desarticulada ― de elementos teóricos clave dentro de la disciplina, como garantía de que el estudiante sí se ha“ familiarizado” con ellos. O quizá los profesores, objetando la falta de tiempo y la tiranía administrativa, hayan renunciado a ver realmente los textos de los estudiantes y saber qué pasa allí con la escritura académica en su función epistémica.
Pero, en últimas, ésa sería una práctica docente equivalente a la del estudiante que corta y pega información bajada de