Agenda Cultural UdeA - Año 2011 MARZO | Page 11

ISBN 0124-0854
N º 174 Marzo 2011 de

Era un país pobre

Julio Torri
… even supposing that history were, once in a way, no liar, could it be that... Kenneth Grahame

Era un país pobre, como tantos otros de que guarda siempre confuso recuerdo el viajero impenitente. La exportación se reducía a pieles de camello, utensilios de barro, estampas devotas y diccionarios de bolsillo.

Ya adivinaréis que se vivía por completo de géneros y efectos traídos de otras naciones. A pesar de la escasa producción de riquezas sobrevino un periodo de florecimiento artístico. Si sois profesores de literatura, os explicaréis el hecho fácilmente.
Aparecieron muchos poetas, de los cuales uno era idílico, lleno de ternura y sentido de la naturaleza y también muy poseído de la solemne misión de los bardos; y otro, satánico— verdadera bête noire de cierta crítica mojigata—, a quien todas las señoras deseaban conocer, y que en lo personal era un pobre y desmedrado sujeto. Hubo también incontables historiadores: uno de ellos, medievalista omnisciente, aunaba del investigador impecable y del sintetizador amenísimo; otros eran concienzudos y prolijos, o elegantes y de doctrina cada vez más sospechosa.
La crítica literaria prosperaba con lozanía. Además de los tres o cuatro inevitables retrasados, que censuraban por sistema cuanto paraba en sus manos y que sin fruto predicaban el retorno a una época remota de
mediocridad académica, había escritores eruditos e inteligentes que justificaban, ante una opinión cada vez más interesada, los caprichos y rarezas de los hombres de gusto.
La novela, el teatro, el ensayo adquirían inusitado vigor.
Después de los dioses mayores venía la innumerable caterva de los que escriben alguna vez, de los literatos sin letras, de los poetas que cuentan más como lectores, y cuyos nombres se confunden( en la memoria de cualquiera de nosotros, harto recargada de cosas inútiles), con los que vemos a diario en los rótulos de la calle.
Los extranjeros comenzaron a interesarse por este renacimiento de las artes, del que tuvieron noticias por incontables traducciones, algunas infelicísimas aunque a precios verdaderamente reducidos. Entonces se notó por primera vez un curioso fenómeno, muy citado en adelante por los tratadistas de Economía Política: el apogeo literario producía una alza de valores en los mercados extranjeros.
¡ Qué sorpresa para los hombres de negocios! ¡ Quién iba a sospechar que los libros de versos y embustes poseyeran tan útiles virtudes! En fin, la ciencia económica abunda en ironías y paradojas. Había que aprovechar desde luego esta nueva fuente de riquezas.