ISBN 0124-0854
N º 169 Septiembre de 2010 obra, los medios como parte del significado. En el caso de Duchamp, la elección de sus objetos tenía que ver con dar a entender la naturaleza conceptual del arte, para lo cual la apariencia estética resultaba secundaria; para responderles adecuadamente y tenerlo que pensar, era más contundente en ellos la abstinencia estética que la gratificación. En el caso de Dadá, era tan importante encarnar el pathos político y rabioso de su arte, que las cosas o los gestos tenían que excluir estéticamente la belleza y echar mano del choque, la ironía, la ridiculización, la arbitrariedad. En ambos casos, la estética es una demanda retórica o comunicativa del significado, algo tan imposible de anticipar porque hay que ponerla con él, que pierde el rango prioritario para ser lo definitorio del arte. De hecho, si histórica y culturalmente las estéticas son tan cambiantes en el arte, no pueden ser ellas las que lo constituyen; no debe olvidarse que las estéticas como culturas de la sensibilidad; son, en primer lugar, gusto y culturas de vida, y sólo en segundo lugar, culturas artísticas, y por ello la cultura artística desafía o estimula inercias estéticas. En pocas palabras, con la demostración de que la naturaleza del arte es conceptual, un logro intelectual que para la cultura artística es un punto de no retorno, las vanguardias allanan el camino para dejar la estética sólo como una opción para el arte, y debido a que la belleza es la categoría estética paradigmática, quedan puestas las condiciones para la desaparición de la belleza de la conciencia artística. Sin estos acontecimientos no tendríamos hoy el arte conceptual.
Ahora bien, cuando el arte conceptual se vuelve cultura artística común, estética de los artistas y los públicos de arte, la belleza en el arte se convierte en tabú. De Eva Hesse, quien cuidaba tanto de su belleza y apariencia personal, se dice que respecto al arte su lema era“ antes repulsivo que bello”. 5 Esta situación no es deplorable de por sí, sino ventajosa en cierto sentido, pues como lo hace notar Arthur C. Danto, cuando frente al arte ya no hay la expectativa de que tiene que ser bello, estamos en mejores condiciones para entender por qué, después de todo, el arte sigue siendo algo tan significativo para la vida humana, y por qué podemos romper el tabú de la belleza, pues ya no tenemos que concebirla desde el arte y la cultura artística, sino desde donde nace su demanda genuina, desde la vida humana, desde lo que implica una vida humana en un mundo con belleza o sin ella, algo que no es cuestión de gusto o estéticamente opcional. 6
Javier Domínguez Hernández es Doctor en Filosofía de la Universidad de Tübingen, Alemania. Especialista en Filosofía de la Universidad Jagiellonsky, Cracovia- Polonia. Actualmente es docente titular del Instituto de Filosofía de la Universidad de Antioquia y miembro del Grupo de Investigación en Teoría e Historia del Arte en Colombia, adscrito al Instituto de Filosofía y a la Facultad de Artes de la misma Universidad. Entre 1990 y 2000 fue director de la revista Estudios de Filosofía y, desde entonces, miembro de su comité editorial.
5 Arthur C. Danto. El abuso de la belleza, Buenos Aires, Paidós, 2005, p. 126.
6 Ibíd. pp. 51, 72 y 180.