ISBN 0124-0854
N º 169 Septiembre de 2010 éxito y nos lleva a desconfiar de la experimentación con los casos particulares que están fuera de la norma. Uno podría especular que el tabú del incesto tiene el mismo origen. El incesto confirma y subraya las desviaciones de ese promedio porque sucede fuera de él y confirma casos particulares. Eso puede explicar también por qué el juicio estético con respecto a los parientes, en general, se suspende. Hay una falta de distancia del promedio porque el enfoque está en una relación individual y particularizada.
Pienso que, en el arte, la situación de la belleza no es muy distinta y resulta coherente con todo lo anterior. En el arte existe una gran cantidad de recetas formales, la regla áurea entre ellas, que garantizan los resultados agradables y eliminan los accidentes y las desviaciones. Son reglas que trascienden los ámbitos culturales, es decir que tienen un cierto grado de universalidad, lo que permite suponer que también tienen una base biológica.
Stanislas Dehaene explica cómo la lectura de la palabra escrita, sea cual fuere el idioma, activa siempre la misma pequeña zona en la corteza cerebral dentro del hemisferio izquierdo. Su teoría es que ciertos elementos básicos de las letras, grafismos lineales que facilitan la lectura, vienen incluidos en los circuitos de las neuronas. Otras percepciones, como las de superficies de color, rasgos faciales y lugares espaciales, activan zonas completamente
distintas 1. Hay un estudio que demuestra que los taxistas de Londres tienen una zona del cerebro que es más grande que la correspondiente en los ciudadanos normales, y que esto se debe a la constante experiencia de ubicación visual-espacial. Dehaene cita a J. P. Changeux, quien dice que“ una obra de arte es percibida como „ maestra ‟ cuando estimula múltiples procesos cerebrales en una forma nueva, sincrónica y armoniosa” 2. Sería interesante estudiar si las zonas del cerebro comprometidas en la percepción de la belleza crecen con un uso frecuente.
Considerando entonces los promedios de Galton y la posibilidad de que la belleza tenga un lugar preasignado en nuestros cerebros, tendríamos también una respuesta a la disyuntiva que contrapone lo local y lo universal. Se trataría solamente de promedios distintos. Si bien hay invariantes básicas en el cerebro que son universales, como la predisposición al reconocimiento facial, la estética local enfatizaría el promedio de las variables de un entorno particular. La belleza universal, en cambio, sería el producto de un promedio global. Ambas bellezas son válidas, pero, apelando a la metáfora, no dejan de ser un papel de envolver que nos separa del regalo.
1 Stanislas Dehaene, Reading in the Brain, N. Y., Viking, 2009.
2 Ibíd. pp. 309-310.