ISBN 0124-0854
N º 160 Noviembre 2009
— Unos trasgos malvados han robado a mis amigos pasteleros la receta para hacer las galletas de mantequilla y los osos de chocolate. Ustedes deberán divisar su escondite desde el aire, porque sólo pueden ser vistos por los ojos inocentes de los niños. Recuerden, están vestidos de amarillo y llevan sombrero negro—. Indicó el capitán, describiendo de esta manera el uniforme del ejército austriaco.— Para encontrarlos ustedes deberán mantener la mirada fija en el campo de juego.
A Isaac no dejaba de parecerle un tanto estremecedor que aquel juego se dirigiera desde tan alto, aunque, dada su excelente visión, le parecía muy fácil ver los movimientos que realizaban los trasgos. Violeta, por su parte, aún se encontraba un poco deslumbrada pero la resolución de su hermano la animó a participar. Gregorio, ahora con la ayuda de los niños, continuaba discretamente con la misión de definir con exactitud los lugares de ataque para informar al General Jourdan.
—¡ Tres escondidos en un árbol!—. Gritó Isaac jubiloso.—¡ Bravo! Entonces tres puntos para ti—. Exclamó el capitán, mientras apuntaba el dato en un cuaderno.—¡ Veo cinco a caballo al lado de ese río!—. Prorrumpió Violeta, señalando con el dedo un convoy de reconocimiento del ejército austriaco.—¡ Fantástico! Tendrás cinco puntos por tu descubrimiento—. Dijo el capitán, mientras celebraba para sus adentros que los chicuelos tuvieran ojos de águila.—¡ Yo alcanzo a ver muchos, muchísimos, cerca de aquella montaña!—. Añadió inmediatamente Isaac.—¡ Son tantos que no puedo contarlos!—¡ Miren, junto a ese lago hay más! ¡ Fíjese bien Gran Mago, unos tienen caballos, otros arrastran unos enormes aparatos que parecen campanas!—. Manifestó Violeta, que ya empezaba a preocuparse por el número infinito de trasgos esparcidos por la comarca.
El capitán terminó de señalar en el mapa los lugares donde se ubicaban las tropas
enemigas, y, con una sonrisa triunfal en el rostro, habló de esta manera a los niños: