Agenda Cultural UdeA - Año 2009 NOVIEMBRE | Page 11

ISBN 0124-0854
N º 160 Noviembre 2009
Gianfranco Pasquino define el término revolución como“ la tentativa, acompañada del uso de la violencia, de derribar a las autoridades políticas existentes y sustituirlas con el fin de efectuar profundos cambios en las relaciones políticas, en el ordenamiento jurídico-constitucional y en la esfera socioeconómica” 2.
Aunque podrían hacerse elucubraciones interminables acerca de qué significa a su vez en este contexto el término tentativa, o cuáles deberán ser las cualidades de las nuevas autoridades políticas revolucionarias, o si los profundos cambios mencionados tendrán que estar dirigidos necesariamente a ampliar la esfera de derechos y libertades; más allá de esas reflexiones, llama la atención el papel que juega la violencia en el desencadenamiento y en la consolidación de los procesos revolucionarios. La Revolución Francesa( 1789-1799) es, a lo mejor, el hecho histórico que abre el debate acerca de la necesidad o no de la violencia revolucionaria. Esto se explica, primero, porque un instrumento de muerte— la guillotina— se convirtió, de manera paradojal, en un símbolo de la lucha por la libertad; segundo, porque algunos actos sangrientos llevados a cabo de manera individual( Charlotte Corday asesina a Marat, julio de 1793) o colectiva( las mujeres se toman Versalles, octubre de 1789) erigieron a la violencia como protagonista, ya que determinaron el rumbo de los acontecimientos; tercero, porque, precisamente, la participación decidida y violenta del pueblo de París en los sucesos iniciales( toma de La Bastilla, 14 de julio de 1789) originó que una desesperanzadora rebelión nobiliaria se convirtiera de manera inesperada en la primera revolución de masas de la historia; cuarto, porque se instauró un organismo, denominado Comité de Salud Pública, encargado de reprimir las actividades contrarrevolucionarias esgrimiendo la pena de muerte como sanción más expedita( el terror, junio de 1793-julio de 1794); y, quinto, porque la nueva élite utilizó la violencia popular en beneficio propio hasta consolidar su poder bajo la forma de República, luego de lo cual la violencia fue institucionalizada y ejercida en contra de ese mismo pueblo que no se sintió recogido dentro de las conquistas de los burgueses.