Agenda Cultural UdeA - Año 2009 MAYO | Page 15

N º 154 Mayo de 2009
ISBN 0124-0854

N º 154 Mayo de 2009

libro Alba de olvido, en una misiva que data de 1945:“ Acuérdese siempre de esta profecía: si no se deja copar por las cosas de la vida, si le es fiel a la poesía, será Ud. uno de los grandes valores líricos de su patria y de América”. 1
A su primer libro Alba de olvido, publicado a los veinte años de edad, le siguieron otras obras con intervalos variables en años: Sitio del amor( 1944); Verdad del sueño( 1946); Secreta isla( 1951); Cuadernillo de poesía N.º 26( 1957); Huésped sin sombra. Antología( 1971); Reencuentro. Compilación( 1981); Laúd memorioso( 1995); Palabras. Prosa( 1997); Alguien pasa( 1998); Pasa el viento. Antología poética. 1942-1998( 2000); Viaje al ayer( 2007). Como se puede ver, gran parte de su vida y obra lo dedicó a la poesía, aunque en su obra completa también se encuentra un ramillete de prosas compiladas por primera vez en la obra completa Meira Delmar. Poesía y prosa( 2006), con los títulos“ Encuentros”,“ Discursos”,“ Palabras”,“ Del ayer” y“ Retornos”.
Meira Delmar nunca hizo otra cosa que seguir la profecía que algún día le dijera su amiga epistolar Juana de Ibarbourou, sin copia y sin remedos. Meira hizo de la poesía un canto al amor, a la muerte, al olvido, al mar, su mar que palpita en cada verso. Conservó la forma clásica con el dominio de diferentes metros y ritmos, y atravesó el siglo xx con la universalidad de sus versos delicados, finos y claros. Su obra no sólo es prolífica sino fecunda.
En Medellín, alguna vez le escuché decir que“ el poeta escribe lo que siente, y se da cuenta de que eso que siente, es exactamente igual a lo que sienten sus amigos, sus lectores; por eso escribir poesía es de cierta manera tener una pequeña reunión casi familiar con las gentes que uno quiere, y por eso cuando yo escribo, siempre tengo la sensación de que lo que estoy dejando en el papel no es sólo mío, sino de muchos otros a los que llevo desde hace mucho tiempo muy cerca del corazón”. 2
Meira Delmar, dulce de coco, hoguera inextinguible, que sin pretensiones y con dolor de amor y ausencia dedicó toda una vida a la poesía, que como profeta fiel nos regaló los más bellos poemas que ningún escritor colombiano hubiera escrito, sin miramientos de su condición de mujer solitaria y humilde.
Leer la poesía de Meira Delmar es arriesgarse a sentir el amor, el olvido y la muerte al tiempo, en un pasar de página; es escuchar el mar y saborear su sal; es oler la rosa y aprisionar o dejar el brazo del amado; es un bello caminar sobre pétalos y espinas hacia el fuego abrasador de su poesía; es recobrar la nobleza de las palabras; es volver a la tierra y a la palabra primitiva de sus ancestros y de todos los latinoamericanos. La palabra de Meira es poesía prometida y otorgada.
Meira Delmar, que mientras recitaba de memoria sus versos detenía el tiempo, y armaba una sinfonía con el pálpito de los corazones de sus oyentes ante sus ojos que no veían. Meira, mujer encarnada por el deseo de los dioses, que a pesar de su alta poesía y de su impecable verso, se volvió invisible ante nuestros ojos –“ soy un ladrillo más de Barranquilla”, me dijo alguna vez-, pero imborrable para nuestros oídos y para la historia de la poesía colombiana.
Tendrán que sucederse muchos amaneceres y ocasos para que, en la literatura colombiana y latinoamericana, haga presencia luminosa Meira Delmar con la fineza y la hondura, la fuerza y la altura de su poesía; la maestría y el apostolado de mujer poeta.
En estos tiempos en que el lector colombiano mira a otra parte( recuerdo que me dijo:“ no sé por qué el Festival Internacional de Poesía de Medellín se demoró 15 años para invitarme”), Meira nos mira con sus versos de frente. Mientras tanto, nosotros, sus lectores de siempre, seguiremos atentos al fuego, a la hoguera inextinguible de su poesía.