N º 152 Marzo de 2009
ISBN 0124-0854
N º 152 Marzo de 2009
Sentir para ver: revitalización y proyección del Museo
Por: Diego León Arango Gómez *
Gracias a la especial colaboración del Museo del Louvre y del Museo Nacional de Colombia, el Museo Universitario de la Universidad de Antioquia acogerá en su recinto la exposición Sentir para ver. La muestra está dirigida al público en general, pero en uno de los objetivos museológicos y en sus dispositivos museográficos, se orienta a personas en situación de discapacidad física, sensorial y cognitiva.
Sentir para ver apela a una reflexión sobre el papel de la percepción y los sentidos en relación con el arte y los patrimonios que conservan y exhiben los museos. Es un hecho que en nuestra relación con el mundo, el papel de la visión ha sido preponderante, y en el desarrollo de la cultura se ha constituido como un elemento básico y fundamental. La construcción de la experiencia y la determinación del mundo en el lenguaje( Logos) tienen en la visualidad un punto originario de amarre que no se puede negar. La mayoría de los términos lingüísticos, las formas de la narrativa y las figuras literarias recurren a la imagen y a lo visual como un elemento esencial de su configuración. En el campo del conocimiento y especialmente en el científico, la forma objetiva de la imagen ha servido durante muchos años de soporte y correlato.
En los dominios del arte de nuestra cultura moderna, aquella que tiene sus inicios en el Renacimiento, se han privilegiado las formas de expresión visual sobre los demás sentidos, pese a que en la percepción concurren todos, simultáneamente, para darnos el reporte de la experiencia. Sentir, ver, oler, saborear y oír son, como dice Merleau-Ponty, modalidades de la existencia que en el movimiento intencional de nosotros hacia el mundo nos dan la perspectiva, la orientación, las bases para el conocimiento y la acción.
No obstante, el privilegio de lo visual se extiende a varios dominios del quehacer humano y predomina
en diversas prácticas sociales, rituales, religiosas y culturales. Por la función que la tradición otorga a los