ISBN 0124-0854
N º 157 Agosto de 2009
— Pues no hago nada más, senador.
— Diablos, ¿ así que estás varado?
— Más o menos... –—¿ Qué más podía decirle a este cerdo?...
— Te ayudaré, no faltaba más— dice“ Demóstenes” sacando una tarjeta de su billetera—, es mi dirección, pasa a verme uno de estos días.
No digo nada. Como“ Demóstenes” es de los tipos que habla por hablar, me sale con esta barbaridad:
— Y, ¿ qué hay de tu señora madre?
— Está muy bien, supongo... hace diez años murió.
—¡ Oh, nooo! Qué sensible desgracia, amigo Gonzalo, te doy mi más jubiloso pésame.
— Gracias, senador...
— Bueno, ahí tienes mi dirección. Pasa por mi oficina si me necesitas. Ahora me perdonas pero debo irme. Esta noche tengo una comida en la embajada de España.
Como“ Demóstenes” tiene muy buena memoria para los discursos, y estaba tan conmovido con la muerte de mi madre, se fue sin pagar la cuenta. Pago el bisteck del senador, y tomo un taxi para el monasterio. Al fin solo. Tengo ganas de llorar o de pegarme un tiro. En vista de que no tengo revólver, me meto en la cama con una botella de aguardiente, y abro la ventana. Me sirvo un trago y digo en dirección a la noche:“ por ti, pobre alma mía”.
Este“ Día de gloria” ha terminado y no pasó nada. Ahora me emborracho. Mañana empezaré un nuevo libro, o tal vez no. Lo mejor sería hacer nada y después morir.
Afuera todo es silencio, y por mi ventana entran las estrellas y los zancudos.
* Gonzalo Arango( Andes, Antioquia 1931-Tocancipá, Cundinamarca 1976). Este texto es tomado del libro Última página( Medellín, Universidad de Antioquia, 2000, pp. 118-123).