ISBN 0124-0854
N º 149 Noviembre 2008 población supuestamente enferma o degradada. La tentación metafórica puede llevar a equívocos, y es conveniente tener presente que las guerras y las violencias obedecen a procesos sociales y políticos; es decir, son actos voluntarios, racionales o emocionales que poco tienen que ver con lo natural o lo biológico y los actos bélicos o de daño a otros son llevados a cabo por seres comunes y corrientes y no por locos, por demonios, por santos o por héroes. Superadas las tentaciones metafóricas, continúa vigente la pregunta sobre la naturaleza y la utilidad de los duelos colectivos y sobre la manera de llevarlos a cabo para lograr el propósito de crear órdenes más justos, diferentes a aquellos en los que se generaron los climas de violencia y guerra y para mitigar los efectos perversos sobre las víctimas, individuos o grupos, grandes o pequeños, que se vieron afectados por los despliegues del conflicto armado. 1. Las víctimas: actores primarios de los conflictos armados Los duelos colectivos tienen por objeto, en primera instancia, situar en el espacio de lo público y de la acción política a las víctimas; reconocerlos como actores primarios de las guerras y las violencias y no como sujetos pasivos, sufrientes i, invisibles y, la mayoría de las veces, ignorados, porque se los percibía como una consecuencia lógica de la guerra, como un subproducto no deseado de los conflictos, como un remanente inevitable
de la confrontación y como los grandes ausentes en los procesos de negociación, acuerdo o rendición con los que se le ponía fin al enfrentamiento entre ejércitos rivales, entre hostiles; las víctimas constituían el resultado lamentable de las guerras, pero su dolor y sufrimiento parecía estar justificado por los altos intereses bélicos, pues las guerras y hasta las violencias comunes siempre han sido presentadas por sus protagonistas como moralmente justas, políticamente inevitables y socialmente útiles y necesarias. Situar a las víctimas en el espacio de lo público y lo colectivo significa reconocerlas como actores centrales de los conflictos, como sujetos políticos con derechos conculcados y pisoteados que es necesario restablecer y restaurar, hasta donde ello sea posible, como ciudadanos que tienen palabra y capacidad de acción y cuyas demandas deben ser tenidas en cuenta a la hora de las negociaciones y de los acuerdos de paz; en otras palabras, reconocimiento y acción política son el nuevo estatus de las víctimas, y su participación activa en el diseño de las posguerras y los nuevos órdenes políticos deben surgir de allí; la presencia y el reconocimiento de las víctimas son absolutamente necesarios y pertinentes. ii El Derecho de Gentes primero, y el Derecho Internacional Humanitario después, se ocuparon de ponerles límites a los actos de barbarie que ocurrían en las guerras y a mitigar en algo el sufrimiento ocasionado