ISBN 0124-0854
N º 145 Julio 2008
Esas teorías clásicas amañadas resultan simpáticas y actúan como poderosas moralidades de legitimación. Despojada la legitimidad de todo vestigio de legalidad, se hace depender el juicio legal del juicio moral y político. Por ejemplo, el de mayorías ocasionales. Semejante legitimidad le permite a un gobernante subvertir el orden desde el orden, ser revolucionario desde adentro, si por revolucionario entendemos al que subvierte el sistema y, para hacerlo, viola sus reglas. La diferencia con los revolucionarios externos es que esta especie de gobernante anfibio no viola las reglas, porque si él mismo las fabrica, a mantel, no necesita violarlas. Es cierto que la legitimidad es un concepto político más amplio y más extenso en contenido que el de legalidad, porque la legitimidad no tiene un límite preciso como que puede depender de la aceptabilidad y confiabilidad de un sistema, del mercadeo político, del carisma de un líder, de su don de oportunidad, de su trapío personal y hasta de su capacidad para repartir ecuánimemente un botín; y es cierto también que, en contraste, el concepto de legalidad se estrecha en el marco de los códigos positivos; por ello resulta imposible agotar la legitimidad en la legalidad: el mundo de las normas jurídicas, que es finito, no es un mapa textual del mundo de los hechos, que es infinito. Pero a más de dos siglos de constitucionalismo moderno, la legalidad es condición necesaria de la legitimidad aunque no sea suficiente. La
legitimidad sin legalidad es igual a la sola ética de la eficiencia y de los resultados; es decir, a una ética sin principios. Es evidente que como el mundo real en el que actúa la política no es de santos, gobernar sólo con principios sería lo mismo que gobernar con jaculatorias o padrenuestros como dice Bobbio, pero también resulta claro que con el Estado de derecho contemporáneo, gobernar sólo por resultados ya no es sólo realismo político, sino cinismo.
Fabio Humberto Giraldo Jiménez es Director del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia. Escribió este artículo especialmente para la Agenda
Cultural.