Agenda Cultural UdeA - Año 2008 FEBRERO | Page 29

ISBN 0124-0854
N º 140 Febrero 2008

Tonterías

Tomás Carrasquilla
Uno de los mayores específicos para la peste de la vida; el que se presta a más fases, más variantes y más combinaciones; el que puede usarse por todo el mundo, en infinidad de envases y presentaciones, es la vanidad.
¡ La vanidad! ¿ Una cosa sin fondo, sin sustancia, que se sostiene en el aire, que se alimenta de sueños, que propiamente no es nada? Sí, señor: ¡ la vanidad! Querrá decir, entonces, que la nada presta grandes, enormísimos servicios; querrá decir que el hombre, a semejanza de su Creador, saca de la nada, si no seres reales y efectivos, fantasmas y simulacros que lo consuelan en la vida.
Cuando el mismo Supremo Hacedor puso esta levadura en este amasijo que llamó hombre, bien sabía que sin ella no le esponjaría el pan de sus satisfacciones y ufanías; que con ella no trascenderían tantas cosas y acciones que el mundo iluso habría de tener por grandes y por sublimes.
El mundo cifra en la vanidad su mejor guía: es la estrella que lo encamina hacia el Belén de sus anhelos; no a adorar, precisamente, al Dios recién nacido, sino a tocar gaita y pandereta con los pastores candorosos; porque el mundo, tan malicioso y pecador, lleva en medio de sus maldades y atrocidades un grano incorruptible de inocencia. Su misma vanidad lo prueba; lo prueba el jugar siempre a muñecas y a soldados, en esta su infancia vitalicia.
El mundo no admite en el tesoro de sus vanidades sino moneda de altísimo quilate. Por eso execra y aturulla a los vanidosos de baja ley; a tantos imprudentes que dejan ver el cobre a las primeras de cambio; que no saben explotar este filón, con el disimulo, la hipocresía y el pudor que requiere la altísima misión de producir deslumbramientos o tan siquiera relumbrones.
Saber ser vanidoso, con los sortilegios y prestigios de esta magia social, ha menester mucho estudio. Por fortuna, es un estudio