ISBN 0124-0854
N º 139 Diciembre de 2007 ya escogió: quiere que todo colombiano, esté donde esté, sea un aliado de su país. Por eso autorizó en 1991 la doble nacionalidad y creó una circunscripción parlamentaria especial para representar a los que viven lejos.
Al extenderles estos claros derechos políticos, cortó de raíz toda posible polémica sobre su participación y opinión en torno a la situación nacional. Hace algo más de medio siglo, Laureano Gómez quería una Constitución que identificaba al Presidente y al país, de modo que quien criticaba al gobierno desde el extranjero era reo de traición.
Con semejante filosofía, unos años después, Gustavo Rojas Pinilla cerró El Tiempo. Parecería que hablo de tiempos viejos, pero cada semana recibo cartas que transpiran el mismo espíritu fascista, y recuerdo que cierto empresario multimillonario expresó alguna vez que las opiniones de Antonio Caballero eran despreciables pues había dejado el país por proteger su integridad. Lo decía, claro, desde un carro blindado y rodeado por veinte escoltas.
Se nos va a complicar mucho la vida si invalidamos las opiniones de colombianos emitidas desde el exterior, pues habría que empezar por anular la Carta de Jamaica, del emigrante Simón Bolívar, y los tratados de Sitges y Benidorm, entre otros documentos claves de nuestra historia que fueron suscritos
más allá de las fronteras. Mejor, pues, quedarnos quietos.
En cuanto a la calificación de“ ex colombianos” que afrijoló hace poco un envenenado individuo a los colombianos de la diáspora, resulta tan larga e ilustre la lista actual que valdría la pena mudarse a Ibarra solo por pertenecer a ella: Juan Pablo Ángel, Fernando Botero, Sergio Cabrera, Iván Ramiro Córdoba, Gabriel García Márquez, Rodolfo Llinás, Juan Pablo Montoya, Álvaro Mutis, Rafael Puyana, César Rincón, Kike Santander, Shakira, Fernando Vallejo y muchos otros.
Si agrego a quienes culminaron buena parte de su obra en el exterior, como Edgar Negret, Manuel E. Patarroyo, Carlos Vives, nuestros principales futbolistas y difuntos tan notables como Rufino J. Cuervo y Vargas Vila, necesitaría espacio adicional.
Colombianos todos, los de aquí y los de allá. Ni mejores unos, ni peores otros. Cada cual con sus problemas y sus puntos de vista, y todos con una preocupación común de ocho letras. Ahí está la fuerza.
* Daniel Samper Pizano. Artículo publicado en la columna Cambalache del periódico El
Tiempo en agosto 31 de 2004.