ISBN 0124-0854
N º 133 junio de 2007
y no el destino de sus obras. Su carácter se definía por no tomarse a sí mismo en serio.
Brodsky fue discípulo y heredero legítimo de Anna Ajmátova, es decir, de todo el Siglo de Plata, y admirador de Zabolotzki. Le correspondió la misión de renovar la poesía rusa mientras conservaba su altura literaria.
Obviamente, tampoco se dio cuenta de que él continuaba por el mismo camino, y daba un paso adelante, como debe ser, con el otro pie, para crear una poesía totalmente masculina, la más masculina de toda la poesía rusa, incluyendo la del viril y atronador Maiakovski.
También enfocó su atención en la relación entre el hombre y los demás habitantes del mundo, en primer lugar, los que consideramos“ objetos inanimados”. Brodsky sabe muy bien que sí son animados, es decir, que tienen alma, sentimientos, pensamientos, ideas; eso le parece tan obvio que lo da por sentado. Lo que más le interesa es lo que todos ellos piensan sobre sí mismos y sobre el ser humano.
No sólo dio un paso adelante en el desarrollo de las formas poéticas— los nuevos ritmos y rimas, el nuevo lenguaje del siglo XX—, sino que, principalmente, continuó desarrollando la comprensión poética del mundo y del ser humano, de sus ídolos y sus maestros. Jamás admitió que su gran maestra, Anna Ajmátova, y Marina Tsvetáieva, su otro ídolo, crearan poesía de algún modo“ femenina”.
Muchas veces el hombre es la parte menos importante, pensante y animada de todo lo que se percibe. La conducta humana, en primer lugar la suya propia, para Brodsky es objeto de ironía amarga y seca; mientras las cosas conservan el sentido de sus actos y sentimientos, los hombres solamente tratan de aliviar el dolor de la separación del significado, pero, con cada movimiento errático, hieren, destruyen y maltratan a los demás, a sí mismos y al orden del universo.