ISBN 0124-0854
N º 133 junio de 2007
Poesía rusa del siglo xx:
Joseph Brodsky
Natalia Pikouch
El poeta le cuenta al auditorio qué es el hombre.
Pero nadie lo oye, nadie...
Anna Ajmátova, bajo cuya dirección comenzó un serio trabajo literario. Vivía de traducciones poéticas esporádicas, y sus poemas, frescos, irreverentes y brillantes, se
Joseph( Iosif) Alexándrovich Brodsky( 1940-1996) nació en Leningrado( o San Petersburgo), en el hogar de un fotógrafo profesional de la marina soviética y una traductora. Su infancia y adolescencia fueron comunes para la época y el lugar, pero ya la primera juventud fue diferente. Brodsky nunca terminó el bachillerato— en la Unión Soviética la educación secundaria era general y obligatoria—, y a los quince años empezó a trabajar, primero como ayudante en una morgue, luego como obrero metalmecánico en una fábrica.
No encajó en el sistema educativo ni en el social. Era totalmente apolítico. No protestaba ni luchaba, sólo era un cuerpo extraño. Empezó a escribir poesía a los dieciséis años y se convirtió en discípulo y amigo cercano de
difundieron de mano en mano, como solía suceder en Rusia en aquel entonces con la literatura no autorizada, y gozaron de una gran admiración y respeto entre los amantes de la poesía. Algún admirador los llevó clandestinamente al extranjero y pronto fueron publicados allí, primero en ruso, luego en otros idiomas. Esto no le proporcionó al autor dinero, pero sí le representó un peligro, además de la fama.
En 1962 fue arrestado por primera vez y a este arresto le siguieron otros dos. En total: dos estadías en las cárceles durante varios meses, con interrogatorios de doce horas; dos entradas al hospital psiquiátrico, para investigación obligatoria, con el diagnóstico de“ psicosis antisoviética”; un exilio de cinco años en el extremo norte de Rusia. Todo ello con las más que absurdas acusaciones de“ parasitismo social”, por no trabajar en