ISBN 0124-0854
N º 125 Septiembre de 2006
― desinstitucionalización cultural, desfinanciación de la cultura y desinformación cultural ‖. 3 En otros términos, no había brújula, no había recursos, no había políticas. Antioquia necesitaba con urgencia un plan de cultura para reencontrarse.
Entre tanto, asistíamos, no pocas veces con perplejidad, a la emergencia de nuevas concepciones sobre la vida y lo social que involucraron cambios en la sensibilidad, la sexualidad y las relaciones entre géneros y generaciones; a transformaciones en los modos de hacer y ejercer la política con un mayor acento en la defensa de lo público; a nuevas estructuras familiares, a nuevas concepciones y prácticas sobre el trabajo que produjeron alteraciones profundas en la vida cotidiana de millones de colombianos; a modos inéditos de relación con el tiempo libre y sus ocupaciones, con el cuerpo y sus estéticas, con la naturaleza y sus disfrutes y amenazas, con la comunicación al instante, personalizada y por encima de cualquier obstáculo de distancia física.
Por otra parte, se hicieron más visibles las voces y las presencias de las minorías étnicas, raciales, generacionales, y de género, como expresión de una diversidad que clamaba reconocimiento en un mundo cada vez más multicultural y próximo. Tejidos sociales comunitarios y organizaciones no gubernamentales fortalecieron el ejercicio de los derechos colectivos, a partir de las
demandas de reconocimiento de las especificidades culturales.
La sociedad y el espacio público de la política se colmaron de ― actores ‖, cada uno con sus propias reivindicaciones y con diversos grados de beligerancia, muchas veces teñidos de manifestaciones de intolerancia y de violencia contra los otros. Sus expresiones y secuelas aún nos sacuden en el panorama de las fuerzas que disputan al Estado el poder, la autoridad y la legitimidad. El fenómeno del desplazamiento, con todos sus desarraigos conlleva repercusiones simbólicas y culturales que apenas vamos comprendiendo en el fenómeno del desprenderse y desgajarse de aquello que ha sido vivido y sentido como propio, para producir masas de campesinos sin campo, pobladores sin pueblo, ciudadanos sin ciudad y territorios del miedo por doquier. Por si fuera poco, cada vez hay más pobres a causa del conflicto y de la violencia.
La emergencia de la mujer y de juventud en la esfera de lo público y en las decisiones de la política del Estado son un desafío a la imaginación y un factor de renovación de los contenidos de las prácticas culturales y de los repertorios estéticos y simbólicos que enriquecen las interacciones cotidianas y los mundos expresivos.
La creación cultural y el acceso a los bienes culturales se han multiplicado al punto de