Agenda Cultural UdeA - Año 2006 MARZO | Page 36

ISBN 0124-0854
N º 119 Marzo de 2006

¿ Por qué

Mozart?

Por Juan Guillermo Ortega
Difícil contestar la pregunta de por qué me gusta Mozart.
Igual que a muchos que van por ahí, por las calles, de esos que montaban en bus y se iban hasta el Ástor o Mauna Loa, básicamente a ver a las mujeres que hacían suspirar y por lo demás no dejaban a su paso nada distinto a suspiros, y cuyo horizonte musical se extendía desde Leonardo Favio o Sandro hasta Los Hermanos Visconti. La música clásica estaba revestida de un aire sacrosanto, olía a biblioteca de papá y a cierto ritual secreto sólo perceptible para iniciados. El camino a este Nirvana era bien difícil, incluía alejarse de destinos predecibles y azucarados: decir no a espejismos dulcetes y anodinos como Paul Mauriat, poner cara y oído escépticos ante Waldo de los Ríos, y adentrarse en el complicado mundo de orquestas gigantescas, con secciones de instrumentos agrupados correctamente y mirar a uno o varios directores, casi todos de pelos
blancos largos y ondeantes ante ventiladores invisibles y mirada libidinosa dirigida a las violinistas o a las chelistas que sentadas a su derecha iniciaban carreras ascendentes al estrellato esquivo, o hacia la muerte, por cuenta de alguna forma de leucemia o linfoma, de esos que ahora se curan casi siempre.
Eran los años sesenta del siglo pasado; el universo del sonido era propiedad privada de los Beatles, o de los Rolling Stones, según el