ISBN 0124-0854
N º 119 Marzo de 2006
Las mujeres de Mozart
Por Rodolfo Pérez González
En el siglo XIX se consideraba casi un deber de lealtad al genio admirado, asignarle todas las virtudes, para convertirlo en verdadero ejemplo de moralidad y ascetismo. Se daba por sentado la abstinencia de todo: las relaciones sexuales, el vino, la envidia, la vanidad y el orgullo. No se aceptaba ninguna claudicación en aquello que los burgueses consideraban“ la virtud”. Fue esta la razón por la que Anton Schindler destruyó dos tercios de los cuadernos de conversación de Beethoven. Hasta lo que era claro, tras la mutilación, se llena de interrogantes que sólo sirven para soltar el vuelo a la imaginación.
La relación de Mozart con Bäsle( su prima Maria Anna Tekla Mozart) ha sido sometida por más de dos siglos a una censura
implacable. Sólo a fines del siglo XX se publicaron las cartas, lo que quedó de ellas con los imperdonables cortes. Los temas y el vocabulario salzburgués no era de lo más discreto. Acostumbrados a llamar las cosas por su nombre, tienen una especial predilección por lo escatológico. Lo comprueban las nueve cartas a Bäsle y los cánones de aquella temporada vienesa de 1782( K 233 y K 234) cuyos títulos no fueron capaces de publicar los editores de su tiempo, ni los de ahora:“ Leck mir den Arsch fein recht schön sauber”. Las burlonas alusiones al negligé de“ la Jungfrau Mizerl” o sus protestas de amor y juramento de fidelidad a Rosalie Joly, conocida como Saller, a su partida para Mannheim. Los interesados comprenden perfectamente su jocosidad: una contaba con sus sesenta primaveras muy bien