ISBN 0124-0854
N º 128 Diciembre de 2006
Situación económica: pobreza relativa. El apartamento es amplio: 60 m 2, calefacción central, teléfono, ventanas, balcones, cortinas, bañera y sanitario privados, cocina, agua caliente, ascensor y portero, lo que despierta en ocasiones la envidia de los que viven en cuartos de último piso, de 9 m 2, sin ventana, sin bañera, etc. Sin embargo, el presupuesto sólo permite pagar el alquiler, comprar los tiquetes de restaurante universitario y los tiquetes de transporte para el mes y reservar con dificultad unos francos para comprar la tarjeta de teléfono; no pueden faltar las llamaditas a Colombia. No queda margen para ningún capricho: tomarse un delicioso expreso hecho con café colombiano en algún café parisino, de pie en la barra, está por el momento fuera del alcance de los protagonistas.
Fecha cuasi-trágica: navidad. Los colombianos quieren hacer una fiesta, no se puede vivir en el exilio sin reunirse y celebrar la navidad con los amigos franceses, mexicanos, canadienses. Los estudiantes que viven en los 9 m 2, pero que toman expreso en la barra, sugieren que la fiesta de navidad se haga en el apartamento de los 60 m 2, aunque tengan que desplazarse a las afueras de París. La pareja protagonista piensa, duda; claro que no podemos tener invitados y ofrecerles sólo agua. Qué disculpa podemos sacar... que estamos invitados a pasar la navidad con una familia francesa... van a querer que les
prestemos el apartamento y entonces tendremos que pasar la noche en la calle, en el frío decembrino... podemos decir.... que el transporte hasta aquí es muy complicado, más aún siendo navidad... nos dirán que se irán el 25 o el 26 o el día en que haya transporte....
Imposible decir no. Comienza el desasosiego. Hay que decir sí, pero decir la verdad. No podemos ofrecerles nada más que el espacio y abrir unas pocas latas de raviolis( el enlatado en promoción en Carrefour en ese momento). La respuesta es recibida con alegría y el asunto de los raviolis y el vaso de agua pasa como una broma.
Continúa el desasosiego. Es 21 de diciembre y no hay nada más para hacer que leer junto a la calefacción central, de vez en cuando mirar por la ventana desde el apartamento del piso quince: la gente va y viene con paquetes de compras, bien abrigados, caminando rápidamente. Es 22 de diciembre y la idea de los raviolis con agua, recibida como una broma sigue atormentando a los protagonistas, quienes continúan mirando por la ventana, leyendo, mirando de nuevo por la ventana, viendo pasar los transeúntes, preparando café colombiano, regalo de Colombia, mirando de nuevo por la ventana e imaginando la escena del 24 de diciembre: un grupo de gente cariñosa, ruidosa, con ánimos de rumbear,