ISBN 0124-0854
N º 120 Abril de 2006 marcar una clara división entre el hombre público y el hombre privado, resultan engañosas, pues en el caso de Goethe no hay límite entre uno y otro. Lo que hay es un exceso en la disolución de la frontera: el hombre privado se sabe público mucho más allá de los confines de su época.
El orden, la disciplina, son virtudes que se atribuyen, cuando no al sabio, a quien es dueño de sí, usualmente al fílósofo, al pensador o al asceta. Mas son también las virtudes del funcionario, cuya maestría reside en planear, cumplir, clasificar, organizar, archivar, gestionar, y todo esto a tiempo. No hubo cargo destacado que Goethe no revistiera. Fue director del proyecto para la recuperación de la mina de plata y cobre en Illmenau, comisario de guerra, jefe administrativo de la construcción vial, encargado de la comisión de obras hidráulicas, máxima autoridad en la sección de hacienda. A la vez que desarrollaba sus proyectos literarios e investigativos, cumplió su deber como director de todos los establecimientos culturales y científicos del ducado, que asesoró hasta su muerte. Mientras administraba la cultura, la ciencia, las finanzas, la infraestructura, administraba también su fama. No sólo empezó a dirigir la primera edición completa de sus propias obras, sino que, mediante registros y catálogos, aseguró para el futuro las condiciones óptimas para el uso y la
estimación de su legado. A éste pertenecen sus colecciones de arte y de ciencia, sus libros y la otra parte de su producción escrita: sus cartas privadas. Goethe las archivaba en carpetas, separadas según años y en orden consecutivo las cartas recibidas junto a las enviadas como respuesta. Para este efecto, siempre realizó una copia de sus propias cartas. Sólo la correspondencia con Schiller se sale de este orden cronológico: el amigo merecía una carpeta propia.
La correspondencia de Goethe se encuentra en el Archivo Goethe-Schiller de Weimar. Las cartas de Goethe han sido publicadas sin aparato crítico o de manera incompleta en varias ediciones, la futura edición completa se estima en veintitrés tomos. De las cartas a Goethe, que sin incluir la correspondencia oficial llegan a veinte mil, se ha publicado, de manera dispersa en más de seiscientas ediciones diferentes, menos de la mitad. El orden de Goethe facilita enormemente el trabajo para la edición completa de su correspondencia en la que faltarán irremediablemente algunas cartas. Pero ese mismo orden permitirá saber de cuáles se trata: unas pocas recibidas por Goethe, cuya temática, a la que alude en su respuesta, es su teoría del color. La ausencia de estas cartas no obedece a un motivo casual, sino a una exterminación sistemática. La teoría del color de Goethe fue criticada por varios filósofos e intelectuales de la época,