ISBN 0124-0854
N º 120 Abril de 2006 pequeña mancha verde, de lozanía, de gracia
hoja sola en que vibran los vientos que corrieron
por los bellos países donde el verde es de todos los colores,
los vientos que cantaron por los países de Colombia.
Te hablo de noches dulces, junto a los manantiales, junto a los cielos, donde hierve la noche estrellada, la noche
que arde vorazmente en una llama tácita.
Y a la mitad del camino de mi canto temblando
me detuve, y no tiembla entre sus alas rotas,
con tanta angustia un ave que agoniza, cual pudo,
mi corazón luchando entre cielos voraces. que tiemblan temerosos entre alas azules:
te hablo de una voz que me es brisa constante,
en mi canción moviendo toda palabra mía,
IV como ese aliento que toda hoja mueve en el sur, tan dulcemente,
toda hoja, noche y día, suavemente en el sur.
Duerme ahora en la cámara de la lanza rota en las batallas.
Manos de cera vuelan sobre tu frente donde murmuran
III las abejas doradas de la fiebre, duerme, duerme.
El río sube por los arbustos, por las lianas se acerca,
En el umbral de roble demoraba,
hacía ya mucho, mucho tiempo marchito,
un viento ya sin fuerza, un viento remansado
que repetía una yerba antigua, hasta el cansancio. y su voz es tan vasta y su voz es tan llena.
Y le dices, le dices: ¿ eres mi padre? Llenas el mundo
de tu aliento saludable, llenas la atmósfera.
— Yo soy tan sólo el río de los mantos suntuosos.
Y yo volvía, volvía por los largos recintos
que tardara quince años en recorrer, volvía.
Duerme quince años fulgentes, la noche ya ha cosido
suavemente tus párpados, como dos hojas más, a su follaje negro.
Y hacia la mitad de mi canto me detuve temblando,
temblando temeroso, con un pie en una cámara
* * *
hechizada, y el otro a la orilla del valle