ISBN 0124-0854
N º 109 Abril 2005 superrealista de Jacques Reboul.) El texto de Cervantes y el de Menard son verbalmente idénticos, pero el segundo es casi infinitamente más rico.( Más ambiguo, dirán sus detractores; pero la arnbigüedad es una riqueza.) Es una revelación cotejar el Don Quijote de Menard con el de Cervantes. Éste, por ejemplo, escribió( Don Quijote, primera parte, noveno capítulo):... la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir. Redactada en el siglo diecisiete, redactada por el " ingenio lego " Cervantes, esa enumeración es un mero elogio retórico de la historia. Menard, en cambio, escribe:... la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir. La historia, madre de la verdad; la idea es asombrosa. Menard, contemporáneo de William James, no define la historia como una indagación de la realidad sino como su origen. La verdad histórica, para él, no es lo que sucedió; es lo que juzgamos que sucedió. Las cláusulas finales = ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venirson descaradamente pragmáticas. También es vívido el contraste de los estilos. El estilo arcaizante de Menard-Bxtranjero al finadolece de alguna afectación. No así el del precursor, que maneja con desenfado el español corriente de su época. No hay ejercicio intelectual que no sea finalmente
inútil. Una doctrina es al principio una descripción verosímil del universo; giran los años y es un mero capítulo-cuando no un párrafo o un nombrede la historia de la filosofía. En la literatura, esa caducidad es aún más notoria. El Quijote-me dijo Menard-fue ante todo un libro agradable; ahora es una ocasión de brindis patriótico, de soberbia qrarnatícal, de obscenas ediciones de lujo. La gloria es una incomprensión y quizá la peor. Nada tienen de nuevo esas comprobaciones nihilistas; lo singular es la decisión que de ellas derivó Pierre Menard. Resolvió adelantarse a la vanidad que aguarda todas las fatigas del hombre; acometió una empresa complejísima y de antemano fútil. Dedicó sus escrúpulos vigilias a repetir en un idioma ajeno un libro existente. Multiplicó los borradores; ea tenazmente y desgarró miles de pági manuscritas.[ 3 ] No permitió que fueran minadas por nadie y cuidó que no le sob vieran. En vano he procurado reconstrui He reflexionado que es lícito ver en el Quij " final " una especie de palimpsesto, en el deben traslucirse los rastros-Tenues pero indescifrablesde la " previa " escritura nuestro amigo. Desgraciadamente, sólo segundo Pierre Menard, invirtiendo el tra del anterior, podría exhumar y resucitar Troyas... " Pensar, analizar, inventar( me escribió bién) no son actos anómalos, son la no respiración de la inteligencia. Glorificar el sional cumplimiento de esa función, ateso antiguos y ajenos pensamientos, recordar incrédulo estupor que el doctor universa pensó, es confesar nuestra