ISBN 0124-0854
N º 104 Octubre 2004 de la deuda externa, más de cinco veces el Plan Marshall que levantó su economía. Además, el capital transnacional, verdadero dueño de la política en el Norte, a quien sirven los políticos, ha convertido el mundo en " su mercado ", y decide quien entra dentro del comercio internacional y en qué condiciones. Estas empresas, dueñas de la economía mundial, imponen al Sur lo que deben producir y el precio por pagar por ello. Pero las mismas fronteras que permiten la circulación de estos capitales y bienes del Sur al Norte, cierran el paso a quienes, víctimas de este expolio, son obligadas a emigrar para intentar sobrevivir.
Europa como fortaleza
Desde la aprobación, en 1985, de la Ley Orgánica de Derechos y Libertades de los Extranjeros en España, más conocida como Ley de Extranjería, la política española, en materia de inmigración, se ha destacado por su carácter represivo, y constituye uno de los más esforzados pilares de los Acuerdos de Schengen. Contrariamente a lo que enuncia su título, la normativa de " orden público " imposibilita, en la práctica, el desarrollo de políticas de integración, convivencia e igualdad entre las comunidades. La aplicación de la ley y sus reglamentos a lo largo de los años ha puesto en evidencia sus efectos perniciosos: inseguridad jurídica de los inrnigrantes, obstaculización a la reagrupación familiar, explotación y abusos en lo laboral,
marginación, etc. Las autoridades en Europa someten a las personas inmigrantes a un trato vejatorio que hace pensar que los derechos humanos no son para todos. Los inmigrantes no son considerados como personas por la ley, sino como mano de obra barata al servicio, sobre todo, de la economía sumergida, que en torno al 30 por ciento, representa un elemento estructural del sistema económico. Y no olvidemos que no habría trabajadores clandestinos si no existiera empleo clandestino; no existiría empleo clandestino si no hubiera patronos dispuestos a emplear y buscar esta mano de obra, y si no hubiera consumidores dispuestos a adquirir los productos de este trabajo. La extrema pobreza de estas personas interpela profundamente nuestro supuesto talante democrático. En efecto, la política socioeconómica seguida en España, que no tuvo nunca en cuenta el coste humano y social que en su tiempo supuso el recurso a las migraciones de muchos de sus habitantes, ha instaurado, actualmente, un proceso de explotación, marginación y exclusión social de los inmigrantes procedentes de países del Sur.
Racismo social
Sin duda, el racismo de estado que impregna toda la Ley de Extranjería, transmite a la ciudadanía un mensaje favorecedor del racismo social. La ley presenta a los inmigrantes, bien como un problema de " inseguridad ciudadana ", bien como una