ISBN 0124-0854
N º 105 Noviembre 2004 todavía en Europa, de que la referencia al hilo no es simbólica éstas de todo acto sexual. Cualquier sustancia sólida o líquida que, pudiendo evitarse, llegue a la garganta, romperá el ayuno. La prohibición se extiende igualmente a la cópula en todas sus formas. Los versículos del Libro referentes al tema autorizan en cambio la comida y bebida nocturnas y la visita a las mujeres en las horas comprendidas entre la anochecida y el alba. La tradición ha añadido a estas prácticas indispensables otras muchas avaladas por el consenso de los jurisconsultos: guardar la lengua y miembros corporales limpios de toda acción pecaminosa; observar escrupulosamente el azalá; leer o recitar el Corán; realizar en los diez últimos días del mes el itikaf o retiro espiritual. El incumplimiento del cuarto precepto divino por causas de orden impersonal o personal y, entre las últimas, de índole involuntaria, obliga a una renovación de la. intención y el cumplimiento posterior del ayuno omitido. Cuando la ruptura es deliberada, impone
además una alcafara o expiación establecida por un juez competente en materias religiosas, conforme a su arbitrio. Como ocurre a menudo en la religión musulmana-cuyo reino, a diferencia del de Jesús, sí es de este mundo { dunia }, pues abarca a la vez este último y el ájira o Más Allá-, la observación del Ramadán responde a un conjunto de valores simultáneamente espirituales y sociales. Por un lado, es el mes de la sumisión y acercamiento a Dios; de la lucha sino real y la refutación de la misma se montan a la vida del Profeta. En un alhadiz famoso se cuenta que Sahl ben Saad preguntó a Mohammed cuál era el significado de la aleya. " El hilo blanco, respondió, es la blancura del alba; el hilo negro, el negror de la noche." En otras palabras: el ayuno ha de comenzar al despuntar la ceja blanquecina del alba, antes de que aparezca la rojez de la aurora, y concluir al extinguirse la luz vesperal, luego de que el sol trasmonta. A pesar de ello, algunos beduinos y montañeses de zonas remotas y agrestes siguen la práctica ancestral de atarse dos hilos a un dedo, conforme a la