ISBN 0124-0854
N º 96 Febrero 2004 esas cosas nadie nos las puede quitar de un tajo. Se necesitan más tajos de los que sospechamos. Por eso podríamos decir que a los medellinenses nos entierran con nuestra cultura. y a propósito, ¿ cuál es nuestra cultura? A la hora de hacer un afiche para promocionar a Medellín los publicistas mostraban su brillantez combinando el edificio de Coltejer con la fotografía de un silletero. Ahí estábamos pintados. No había dudas. Presente y pasado, pensaría el creativo. Pero eso no era más que una partecita del pasado en el que hemos vi ~ do en esta villa. Ahora ya los publicistas meten el metro en cualquier cornposición gráfica, es una forma de hacer las paces con el presente y quedar todos bien. ¿ Quién está en contra de la cultura metro? Hasta ahora no he oído a nadie quejarse del silencio y la limpieza de las estaciones. Nadie dice que es muy aburridor ese ambiente de hospital. que no se parece a lo que somos. Por eso el metro se gana los espacios en las promociones de la ciudad, y nadie protesta. Pero, si pudiéramos irnos con los miles de pasajeros que se transportan en los vagones al final del día tendríamos sorpresas. Si hubiera una forma de hacerle un seguimiento a cada uno de los trabajadores formales o informales, empleados o subempleados, que se bajan en la estación Acevedo, o en Santa Lucía o en Parque de Berrío y nos fuéramos con ellos a sus barrios loma arriba, escucharíamos música, sentiríamos olores, veríamos rostros, el aire se volvería compacto y saludador, nos
sentiríamos en una ciudad diferente a la que se promociona en los avisos y tal vez entenderíamos que algo anda mal cuando se trata de representar a nuestra ciudad en un símbolo. Personalmente, no creo que Medellín sea el metro, ni el Coltejer, ni el silletero. MedelIín es un coro de dos millones de voces, somos dos millones de medellines. Lo que no funciona es el afán de reducir la ciudad a una sola, casi siempre a la ciudad de los que están de acuerdo y tienen poder para decirlo en voz alta. Después de trescientos treinta años de curas, tahúres, héroes, negociantes, presidentes, guerrilleros, empresarios, campeones, cantantes, escritores, bailarines, poetas, cardenales, mafiosos, pillos, líderes de un bando y de otro, culebreros, mitos, tristezas y alegrías, es hora de saber que somos todos tan parecidos y tan distintos a pesar del acento, que vale la pena no tragar entero en cuestiones de cultura.
Juan Diego Mejía es Secretario de Cultura Ciudadana del Municipio de Medellín. Ha escrito, entre otros libros, Camila todos los fuegGS ¡ El cine era mejor que la vida y El dedo índice de Mao