ISBN 0124-0854
N º 96 Febrero 2004
Poder ciudadano
Nuestras vidas empiezan a acabarse el día en que guardamos silencio sobre las cosas que realmente importan.
Por Federico Mayor Zaragoza
Martin Luther King
Oímos con frecuencia decir que se está en profundo desacuerdo con aspectos, a veces esenciales, de la vida política, cultural, económica, social... sin que, frente a acontecimientos, hechos y situaciones que llegan a afectar a las convicciones más sólidas de los ciudadanos, se produzca la reacción, individual o asociada, que sería de esperar en un contexto democrático. Progresivamente, transferimos el papel de actores al de espectadores que piensan que no hay nada que hacer, que todo transcurre lejos del alcance del pueblo, inerme ante lo que sucede, aunque le indigne, preocupe o enerve. Del " sinremedismo " se pasa pronto a la indiferencia, al alejamiento de la participación e interacción que podrían contribuir a resolver muchas cuestiones y enderezar muchas tendencias. Lo que ocurre es que los árboles no dejan ver el bosque. Inmersos en un
vendaval de informaciones irrelevantes, distraídos y confundidos, desmotivados, desmovilizados, los ciudadanos van abandonando la defensa de sus puntos de vista y hasta de sus principios, cuando la percepción global, que se tiene por vez primera, los medios de comunicación omnipresentes y la capacidad prospectiva disponible permitirían, bien utilizados, contrarrestar las influencias negativas, esclarecer muchas cuestiones y actuar como ciudadanos, de tal manera que no sólo se sintieran bien con su conciencia, sino que comprobaran que han logrado un número considerable de sus anhelos que ahora consideran inalcanzables. De este modo, además, todos se percatarían de la importancia de la sociedad. El pueblo, pacíficamente, hallaría el lugar que le corresponde en los escenarios nacional e internacional. Y los