ISBN 0124-0854
N º 96 Febrero 2004 el carnaval. La aparición del carnaval en Barranquilla se correlaciona con su auge como puerto marítimo y ribereño y constituye el contexto por excelencia en el cual la ciudad, cuyas raíces históricas yacen en narraciones pastorales imprecisas, encuentra un símbolo vital de identidad en el panorama nacional.
La médula del carnaval
Las danzas de negros congos, las cumbias y la fauna danzante ingresaron, constituyéndose en médula del carnaval actual. En efecto, aun antes que se leyera el primer bando de carnaval, la cumbia, que Guillermo Abadía considera danza de origen negro, al menos por el ritmo, y que para otros es danza mulata del Litoral Atlántico, se bailaba en la provincia de Cartagena en la época de la colonia, y en Barranquilla se disfrutaba sábados y domingos y en las fiestas de los santos, en sitios llamados cumbiambas, que en los barrios Arriba y Abajo se instalaban alrededor de tambores, flautas de millo y guacharacas. En 1881 las fiestas de carnaval se habían arraigado más entre quienes económicamente prosperaban con el tráfico y el comercio de Barranquilla Sabanilla. Ese año tal comercio registró exportaciones por valores que colocaron a Barranquilla en ventaja con respecto a cualquier otro de los puertos colombianos. La fluidez económica se proyectó en el estilo de vida de un grupo de la población que inició la construcción de viviendas nuevas, ensanchando los bordes de
la urbe. La gente de menores ingresos quedó así rezagada en los sitios donde había tenido asiento la ciudad en sus albores. En tal sector se encuentra actualmente el barrio Rebolo, que es considerado como el más antiguo y que conserva aún numerosas tradiciones. Muchos de sus habitantes, descendientes de quienes vivieron allí desde tiempos tempranas, son dueños de las danzas de negros congos y de las cumbias, así como activos participantes en el carnaval. El carnaval tiene cuatro días de intensa: empieza un víspera del expresión sábado y termina la miércoles de ceniza, según el calendario del ritual católico. El bando que ordena la iniciación de las fiestas se leyó en los primeros tiempos en la Plaza de Armas, sobre la Calle de las Vacas; después en la Plaza de
San Nicolás; más tarde en el Camellón Abello, el Paseo Colón, y en los últimos años en el Paseo
Bolívar. En su lectura generalmente participan las autoridades gubernamentales, el alcalde y sus secretarios, el presidente de la junta de carnaval, la reina recién elegida y jóvenes de los clubes sociales.
Asisten danzantes de cumbias y congos vestidos con el atuendo del año anterior, así como candidatas de barrio y sus grupos de respaldo. El 20 de enero marca el comienzo de una comunicación activa en dos sentidos: el horizontal, entre los dirigentes del carnaval, y el vertical, entre éstos y los directores de danzas u organizadores de reinados en los barrios populares. En éstos el espíritu de